La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) publicó este viernes un informe técnico en el que sostiene que la respuesta sanitaria ante la catástrofe sísmica en Venezuela debe ir más allá de la atención de las heridas físicas iniciales.
El organismo pidió incorporar, desde el primer momento, la atención de riesgos de salud pública que pueden prolongarse en el tiempo, entre ellos los trastornos psicológicos crónicos, la interrupción de tratamientos médicos y el deterioro de los servicios básicos de soporte.
Los riesgos sanitarios que persisten después del sismo
Según los epidemiólogos, las primeras horas tras los sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 colapsaron las redes asistenciales por el ingreso repentino de miles de heridos.
Después, el escenario en terreno se agravó por los daños en hospitales, la falta de agua potable y los desplazamientos masivos, un contexto que, advirtieron, eleva el riesgo epidemiológico.
Entre los principales efectos señalados por la SEE figura la desatención de personas con patologías crónicas que perdieron su seguimiento regular.
El informe también alerta sobre un eventual aumento de complicaciones obstétricas y neonatales ante la alteración de los servicios de atención al parto.
La salud mental y la contención psicosocial en la emergencia
La corporación médica puso especial énfasis en el impacto sobre la salud mental de la población.
El miedo, la pérdida de familiares, la destrucción de viviendas y la desaparición de los medios de subsistencia, indicó, generan un cuadro de estrés prolongado con riesgo de cronificarse.
Por ello, recomendó a las agencias humanitarias locales e internacionales incorporar de forma transversal la contención psicosocial durante la respuesta y la reconstrucción.
En su análisis, la SEE concluyó que la gravedad de una catástrofe de salud pública no solo depende de la magnitud física del sismo, sino también de la vulnerabilidad estructural previa del territorio afectado.
