Los sismos que marcaron la memoria del país

El texto repasa tres episodios sísmicos que dejaron huella en Venezuela: el terremoto de 1812, que alcanzó 7,7 en la escala de Richter; el terremoto de Caracas del 29 de julio de 1967, con magnitud 6,6; y el doblete sísmico de 2026, con magnitudes entre 7,2 y 7,5.

Sobre el evento de 1967, se señala que el movimiento telúrico duró entre 35 y 55 segundos y causó severos daños principalmente en Altamira, Los Palos Grandes y el Litoral Central.

La respuesta de 1967 frente al escenario de 2026

La comparación central del texto está en la respuesta institucional. Según el análisis citado, tras el terremoto de 1967 las autoridades implementaron líneas de mando claras y movilizaron a la Fuerza Armada para apoyar rescates, remover escombros y estabilizar edificaciones.

También se afirma que, bajo la conducción de Sucre Figarella, se activaron en horas cuadrillas de obreros, ingenieros, topógrafos, operadores de maquinaria pesada, equipos de demolición y brigadas de reconstrucción. Además, se coordinó la acción de ministerios, gobernaciones, concejos municipales, organismos civiles y unidades militares.

Ese despliegue, descrito como uno de los más rápidos, coordinados y eficaces del Estado venezolano en el siglo XX, quedó como referencia de planificación urbana y de preparación ante desastres.

El impacto humano del sismo más reciente

En el caso del doblete sísmico de 2026, el texto subraya el dolor de las cifras de fallecidos y desaparecidos, así como la pérdida de viviendas, además de la solidaridad internacional expresada con el envío de rescatistas y equipos especiales para salvar vidas.

La nota concluye que, ante el desastre, cientos de hombres y mujeres han asumido por cuenta propia el rescate de sus seres queridos y vecinos con picos, palas y mandarrias, mientras el país sigue atravesando una tragedia de gran magnitud.