Tomar un medicamento para aliviar un dolor de cabeza, otro para un resfriado o añadir un tratamiento puntual a la medicación habitual puede parecer inofensivo. Pero no todas las combinaciones son compatibles y algunas interacciones pasan desapercibidas porque se trata de fármacos muy conocidos.
Las combinaciones no siempre son compatibles
Mezclar medicamentos puede aumentar el riesgo de efectos secundarios, reducir la eficacia de un tratamiento o provocar interacciones importantes. Por eso, antes de combinar productos conviene revisar el prospecto y, si existe un tratamiento habitual, consultar con un médico o farmacéutico.
El riesgo también está en el mismo principio activo
El problema no siempre aparece al unir dos fármacos distintos. En ocasiones, dos medicamentos con nombres comerciales diferentes contienen el mismo principio activo, lo que puede hacer que se tome más cantidad de la recomendada sin darse cuenta.
Antes de sumar otro tratamiento, la recomendación es verificar qué contiene cada medicamento y tener claro qué mezclas conviene evitar.




