Cómo dejar ir una etapa sin confundir cierre con olvido
La psicóloga Patricia Fernández explica por qué cuesta soltar vínculos y ciclos: muchas veces no se sostiene lo que fue, sino lo que se esperaba que fuera.
La psicóloga Patricia Fernández sostiene que avanzar implica aceptar que algo terminó. El problema, explica, aparece cuando seguimos aferrados a una expectativa y no a la realidad de lo que ya se cerró.
Entre lo que fue y lo que imaginamos
Fernández señala que muchas personas permanecen en etapas, relaciones o situaciones que ya sienten terminadas, pero que no abandonan del todo porque se preguntan si algún día cambiarán. En ese punto, dice, la duda no siempre gira en torno a volver, sino a la posibilidad de que aquello llegue a ser lo que alguna vez imaginaron.
La psicóloga plantea que esa pregunta ayuda a distinguir entre realidad y expectativa. A veces, afirma, no se mantiene viva una historia por lo que fue, sino por lo que se creyó que podía llegar a ser.
La puerta abierta como refugio emocional
Para Patricia Fernández, dejar una posibilidad abierta puede funcionar como una forma de evitar el duelo completo. Mientras exista una mínima esperanza, señala, no es necesario enfrentarse de lleno al final.
La especialista añade que ese mecanismo puede nacer del miedo al futuro, del apego o de la incomodidad que produce aceptar que una etapa terminó. En ese sentido, la puerta abierta actúa como un refugio frente a la incertidumbre y el arrepentimiento.
Cerrar no borra lo vivido
Fernández aclara que cerrar una etapa no significa dejar de querer, olvidar ni negar lo que se sintió. Tampoco supone renunciar a una relación sana que merezca una segunda oportunidad.
La dificultad aparece, dice, cuando esa apertura deja de ser una opción real y se convierte en una forma de no aceptar el presente. Cerrar, resume, es dejar de organizar la vida alrededor de una posibilidad.
La psicóloga concluye que avanzar no siempre consiste en tener todas las respuestas, sino en aceptar que algo terminó. Lo más duro, afirma, no es renunciar a lo que fue, sino a lo que todavía se imaginaba que podía ser.