Cuando Daniel Tammet tenía 3 años, se cayó por las escaleras en la casa de sus padres en Dagenham, en Londres (Inglaterra). Es su primer recuerdo, pero no solo por el dolor o los moretones, sino porque mientras caía, veía destellos dorados alrededor de él. Años después, empezó a tener ataques y cada vez que alguien hablaba en un tono de voz alto miraba el color azul.
“En la escuela siempre pensé de un modo diferente. Los otros niños no me entendían, pero afortunadamente tuve buenos profesores y una biblioteca a la que podía ir para distraerme” dijo.
Hasta la fecha Daniel, diagnosticado con severo en el 2004, ha escrito 4 libros en los que se incluyen sus memorias, estudios de neurociencia y una colección de ensayos sobre matemáticas. Ha vendido más de un millón de copias entre sus publicaciones. Sus escritos se traducen hasta 23 idiomas diferentes, 10 de los cuales él puede hablar y comprender.
Aun así, Tammet reconoce que le ha costado relacionarse con extraños o sentir empatía. Habilidades sociales que muchas personas consideran No existe nadie en este mundo que sea como Daniel Tammet. Después de mucho esfuerzo y entreno, llegó a recitar 22.514 decimales del número PI, sin cometer errores durante 5 horas y nueve minutos, siendo un récord en todo el continente europeo. En la actualidad, muchos creen que una de cada 100 personas experimenta algunos de los síntomas de esta condición. Quizá sea hora de ver el autismo desde una perspectiva diferente.
«Neurotribes», un libro del periodista Steve Silberman y best seller del New York Times, ha tardado 5 años en escribirse. Comenzó como una investigación sobre la prevalencia del autismo en la burbuja tecnológica de California, pero se convirtió en una fascinante y extensa explicación sobre el rol del autismo en la historia de la humanidad. A la vez que reconoce los retos de la enfermedad, Silberman, de 57 años, rechaza con firmeza la noción actual sobre el autismo, considerado como una plaga moderna.
En su lugar, se pregunta quiénes somos nosotros para juzgar cuando una mente puede ser considerada como normal. Como lo describe Silberman, “Estos chicos, anteriormente ridiculizados como cerebritos o nerds, serán los arquitectos del futuro”. El autismo como condición empezó a diagnosticarse en los años 40 por dos médicos, que trabajaban de manera independiente en dos lugares diferentes del mundo.
El psiquiatra Leo Kanner en el año 1943, al darse cuenta de que un grupo de pacientes se podía distraer durante horas con cosas sencillas. Casi al mismo tiempo, el pediatra vienés Hans Asperger estuvo realizando observaciones similares en un grupo de niños que tenía a su cuidado. Incluso en aquel año, Asperger destacó el potencial de inteligencia que los niños con autismo poseen. El pediatra se refería a ellos como “los pequeños profesores”.
Durante las décadas posteriores, el autismo fue percibido como un trastorno muy raro, que debía ser erradicado de la sociedad. Silberman insiste en que el autismo ha sido parte de la humanidad desde su origen, solo que no ha podido ser diagnosticado con anterioridad.
No hay una región del mundo en el que el autismo sea tan visible como en California. El anterior jefe de ingeniería de Facebook comentó una vez, que el propio Mark Zuckerberg, creador de esta red social, cuenta con un “toque de Asperger”. Otra declaración destacada, fue la realizada por la revista TIME, que mencionó que Bill Gates, cofundador de la empresa Microsoft, podría ser autista. Cuando Silberman escribió uno de sus tantos artículos sobre autismo, recibió una llamada por parte de un supervisor de Microsoft.
Le contaron que en la compañía la mayoría de los debuggers (personas que buscan errores de código hasta que un programa funciona) tienen síndrome de Asperger. Estas personas son capaces de recordar líneas y líneas de códigos en su cabeza, haciéndole más fácil encontrar los errores.
Hay muchas adversidades que necesitas ser resueltas a día de hoy. Una de ellas es el problema de aceptación en las escuelas. Los niños con autismo dicen que una de las peores cosas que les pueden pasar es ser molestados en el patio o en el aula por ser diferentes. Otras veces el problema lo ponen las instituciones. Anna Kennedy, de 55 años, tiene dos hijos con autismo. La educación tradicional les cerró las puertas a sus hijos. Por esto, se vio obligada a hipotecar su casa para enviar a sus niños a la Escuela de Modales de Hillingdon especializada en niños autistas.
Gracias a su esfuerzo, uno de sus hijos terminó estudiando ingeniería en una universidad importante, mientras que el otro fue reclutado por un grupo de inversionistas llamado Goldman and Sachs. Como último ejemplo, mencionar al profesor de periodismo y crítico de música Tim Page, en una carta al New York Times durante el año 2012. “No tengo ninguna duda de que el asperger explica un gran número de mis habilidades y triunfos, así como también es responsable de varias tragedias personales”.