Venezuela avanza hacia una nueva etapa de normalización internacional, pero ese proceso no debería convertirse en una vía para dejar intacta la excepcionalidad política interna. No debe invisibilizarse que Delcy Rodríguez ejerce la Presidencia sin haber sido elegida para ese cargo y que el interinato ha superado los lapsos previstos en la Constitución, mientras continúan las restricciones al espacio cívico y persisten instituciones cuya legitimidad democrática está cuestionada.

Así lo advirtió Laboratorio de Paz, un centro de investigación y pensamiento estratégico, que llamó a gobiernos democráticos, organismos multilaterales y actores internacionales a diferenciar el relacionamiento diplomático con el Estado venezolano del reconocimiento de legitimidad democrática de quienes ejercen actualmente el poder. El pronunciamiento se produce en medio del restablecimiento de vínculos diplomáticos con Estados Unidos, el anuncio del Reino Unido de elevar nuevamente su representación en Caracas al rango de embajador y la próxima participación de la mandataria en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Compromisos explícitos ante la apertura diplomática

La organización considera positivo que el país recupere relaciones diplomáticas, económicas y de cooperación con la comunidad internacional, al sostener que el aislamiento no constituye una política de derechos humanos ni contribuye, por sí mismo, a la democratización. Sin embargo, alertó sobre el riesgo de que la normalización internacional avance más rápida que la normalización democrática, exigiendo que los acuerdos incluyan compromisos explícitos y verificables en materia de Estado de derecho y libertades públicas.

Ruta constitucional hacia elecciones libres

Ante esta nueva etapa, Laboratorio de Paz exhortó a los actores internacionales a acompañar activamente el establecimiento de una ruta constitucional para la celebración de elecciones presidenciales libres, competitivas y verificables en el plazo más breve posible. La organización insistió en que la estabilidad sostenible requiere legitimidad democrática y que cualquier apertura corre el riesgo de convertirse en una normalidad incompleta si el poder no regresa a las urnas electorales.