Se ha afirmado que es un arte, una técnica y hasta una ciencia. Los ajedrecistas saben que es un arte, ya que promueve la creatividad y la producción; también saben que es una técnica ya que se puede aprender y perfeccionar hasta alcanzar niveles óptimos; pero también conocen que es una ciencia, ya que posee un objeto de estudio, una metodología, un cuerpo teórico y un campo de aplicación. Además, se le considera como un juego y un deporte.
Esto explica porqué cada vez más escuelas descubren que este juego en sus aulas puede convertirse en una herramienta pedagógica que facilite el proceso de formación de los niños.
“El ajedrez es un juego en el que no interviene la suerte”, dice César Cuadra, profesor de ajedrez del Liceo “Los Robles”. Agrega: “El chico es quien debe hacer los movimientos para ganar. Es el esfuerzo de uno el que al final vale y, si después de todo, no ganas, al menos hiciste una estrategia”, considera el profesor del Colegio “Bellas Artes”, Nerio González.
César Cuadra explica que la práctica del ajedrez contribuye positivamente a la formación del carácter: por ejemplo, la necesidad de realizar una jugada implica tomar una decisión; esto supone un ejercicio realmente útil para los más jóvenes: si la posición es inferior hay que elegir el menor de los males; si es superior aprenden a no confiarse.

