En diciembre de 2001, después de una larga recesión económica, la crisis en Argentina se hizo insoportable y se inició una protesta popular espontánea, que no respondía a ningún partido político, bajo el lema “¡Que se vayan todos!”.
Las fuerzas del orden salieron a contener las manifestaciones. Muchas personas perdieron la vida.
A pesar del estado de sitio decretado por el presidente Fernando De la Rúa, las calles de Buenos Aires y de las ciudades más importantes se llenaron de protestas que fueron creciendo en intensidad. El Presidente, en un discurso transmitido en cadena nacional, instó a la oposición a dialogar. Tres horas después De la Rúa huía de la Casa Rosada a bordo de un helicóptero.
La crisis política no terminó ahí. Las protestas siguieron y la inestabilidad política produjo una sucesión de cuatro presidentes encargados. El 2 de enero de 2002, Eduardo Duhalde fue elegido por la Asamblea Legislativa y en el momento de asumir el mando dijo: “Argentina está quebrada. Este modelo en su agonía arrojó a la indigencia a dos millones de compatriotas, destruyó a la clase media, quebró nuestras industrias, pulverizó el trabajo de los argentinos. Hoy, la producción y el comercio están, como ustedes saben, parados; la cadena de pagos está rota y no hay circulante que sea capaz de poner en marcha la economía”.