Opinión

¿Un nuevo Caracazo? por Juan E. Romero

Juan E. Romero / Articulista

Cabe preguntarse ¿Qué de verdad tiene esté planteamiento? ¿Están planteadas las condiciones para tales protestas? ¿Es la misma circunstancia política y económica de entonces, repetida en el hoy?

Comenzamos por afirmar, que si bien al realizar un análisis comparativo, en término de formas de descontento y protestas, encontramos circunstancias similares, en cuanto a desánimo, incertidumbre ante el futuro inmediato, estas similitudes pierden alcance cuando analizamos las condiciones económicas bajo las cuales se presentó la protesta popular en febrero de 1989. Sostenemos, que es esté el elemento principal que permite indicar y señalar la diferencia entre 1989 y las actuales circunstancias del país entre 2015-2017.

Veamos en detalle a lo que nos referimos. Entre 1979 y 1989, el país entró en una década marcada por el deterioro social. En ese período el PIB cayó 35%, de hecho contrasta el promedio de 0,82% de crecimiento del PIB en el período 1981-1990, con el 2,02 de la década 1991-2000 . El ingreso real promedio de los venezolanos disminuyó un 59%, el número de hogares pobres se incrementó en un 156%, y el número de hogares en situación de pobreza crítica en un 337%.  El ingreso real cayó en un 63%. El empleo informal había aumentado en más de 60%. Ese deterioro, era consecuencia de un conjunto de procesos y acciones. Principalmente (y por eso los intentos de establecer una analogía apretada con el hoy) debido a la disminución de los ingresos petroleros, la decisión de dedicar casi la mitad de los disminuidos ingresos petroleros al pago de la Deuda externa, la consecuente reducción del gasto público, en materias de salud y educación, así como de subsidios.

La consecuencia: el incremento de las desigualdades y la exclusión y la acumulación de frustraciones, anhelos y desesperanza, sin opciones políticas claras, pues el sistema bipartidista, continuaba sumido en una lucha encarnizada, que no priorizaba la atención de la calidad de vida del venezolano.

Al leer lo que escribo, pudiera cualquiera decir que hay semejanzas preocupantes del ayer (1989) con el hoy (2015-2017). Mi respuesta diría que sí, pero no. 

Sí, en cuanto a la caída de los ingresos petroleros y el impacto que tiene sobre la actividad pública. Sí, en cuanto a la dependencia de calorías y proteínas provenientes de la importación alimentaria.  No obstante, hay diferencias importantes en lo relativo al accionar de la gestión de gobierno. Hay sin duda una similitud, pues el precio del petróleo disminuyó, reduciendo la capacidad fiscal del Estado para realizar gestión pública, pero — y ahí radica la diferencia— en el hoy, la política del Estado ha insistido en la permanencia —con un gran esfuerzo fiscal— de las políticas sociales relativas al sector alimentario, salud, educación, trabajo, entre otros.

Hoy escuchamos a sectores provenientes del área industrial agroalimentaria hablar que nunca antes habíamos importado tanto, que en anteriores períodos la producción agrícola abastecía las necesidades internas. 

La diferencia esencial y que explica la diferencia entre el climax de la protesta ayer y la posibilidad real que ocurra hoy, es el tema de la relación ingresos petroleros/pago de deuda/reservas internacionales. 

Ayer, entre 1986-1989, como hoy 2015-2017, tienen en común una abrupta caída de los precios del petróleo. La diferencia estriba en el monto destinado al pago de la Deuda, que en 1983-1989 llegó a representar casi el 50% de los ingresos, mientras que en el actual período 2013-2016 no llega al 20%. Esa diferencia, se manifiesta en el mantenimiento de políticas de gasto social en la actualidad y en la contención de un potencial foco conflictivo.

Se puede decir, que en ambos momentos la movilidad social y la protesta es elevada, pero como bien lo hemos demostrado, la protesta social en el período 1989-1998 tuvo su expresión en el impacto social y económico que produjo la política de ajuste neoliberal (privatización, reducción del tamaño del Estado, aumento de servicios, eliminación o reducción de programas sociales, entre otros), acumulando frustración, rabia y marcó el despertar político de los sectores excluidos e invisibilizados, por esas políticas neoliberales. 

Hoy, esos sectores están siendo afectados, en conjunto con la clase media, por una sistemática política enmarcada en acciones de Guerra psicológica, que desaparecen productos, acapara, especula y produce presiones sociales, como bien lo ha demostrado el detallado trabajo de la economista Pascualina Curcio Curcio , buscando con ello impulsar un clima de protesta social que desestabilice al actual Gobierno de Nicolás Maduro. 

Finalmente, nos lleva a concluir, que las condiciones de explosión social que nos permiten entender el estallido de febrero de 1989, tanto en términos económicos como sociales, están bastante distantes de lo ocurre hoy, incluso con el impacto que genera una inflación en el 2015 de 186%. A pesar, el mantenimiento de las políticas sociales, luce como un factor de contención, aunque sin duda, el tiempo social se le agota al Presidente Nicolás Maduro, sobre todo ante un colectivo-pueblo que exige acciones efectivas y concretas. Es un punto de no retorno para el proyecto bolivariano, formulado desde 1992. 

Venimos sosteniendo que estamos en una circunstancia de empate catastrófico, que sólo puede ser roto mediante la acción colectiva y organizada, superando las trabas burocráticas y clientelares que nos amenazan y que se conjugan con las acciones desestabilizadoras, que adelantan actores radicales de la oposición. El qué hacer, estará marcado por la recuperación del impulso ético que caracterizó el proyecto bolivariano en su 1era etapa (1999-2006).

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