Está terminando un año difícil. El peor que hemos tenido en décadas. Políticamente, caracterizado por una bestial confrontación de odios, agresiones personales y antipatías, de un lado y de otro. En esto no hubo santo por quien rogar. La vocería se explayó en el no reconocimiento del otro. Y el diálogo que había cubierto las expectativas en demasía y traído la esperanza de la conciliación y la convivencia casi fue liquidado en la primera semana de diciembre. Pareciera que poco ha valido la presencia del propio Vaticano entre los acompañantes. La oposición se retiró de la mesa argumentando el no cumplimiento de los acuerdos iníciales firmados. Mientras, el Gobierno riposta diciendo que es la oposición quien no ha cumplido.
Mientras, las posiciones políticas se radicalizan y los problemas de los individuos y familias se agravaron terriblemente. El desabastecimiento y la inflación aumentan sin control diariamente, y cada vez es más espinoso conseguir los alimentos básicos y las medicinas. El caso de los pensionados es gravísimo por lo bajo de las pensiones y la premura con que lo piden. Hay bancos que solo entregan 10 mil bolívares. Y hacen ir cada día a buscar su porción. Y luego más colas para entregar los billetes de cien. La especulación supera los cuatro dígitos en alimentos básicos, repuestos, juguetería, ropa y calzados.
Continuó limitada la producción nacional. Y la economía de puerto hace estragos en la vida de la nación. Cargando con los pocos dólares que entran. El paralelo llegó a niveles inimaginables y hace subir los precios de bienes y servicios. El bachaqueo sigue su ruta devoradora de la capacidad de compra de nuestro signo monetario. Somos víctima de una economía de guerra y de un modelo económico que no termina de cuajar que lleva al venezolano por el camino del calvario.
La oposición dividida por las precandidaturas presidenciales zigzaguea en su estrategia generando confusión y desconfianza entre la gran masa opositora. Carente de plan de Gobierno, proyectos y propuestas para concretamente resolver los actuales problemas de la población, está generando una fuga de partidarios hacia la franja de los no comprometidos que cada vez es más numerosa. Lo dicen las investigaciones sociales recientes que aumentan los llamados “Ni ni”.
