Opinión

Sin amnesia: Rectifiquemos para recuperarnos / Por: Óscar Morales

Ya se ha dicho que es más simple arremangarse la camisa para destruir que para construir. Con ese aforismo presente podemos entender lo que ha acontecido en los últimos cinco años en nuestro país y, dicho sea de paso, comprender por qué el

 

Ya se ha dicho que es más simple arremangarse la camisa para destruir que para construir. Con ese aforismo presente podemos entender lo que ha acontecido en los últimos cinco años en nuestro país y, dicho sea de paso, comprender por qué el deterioro ha sido tan rápido.

Ciertamente, desde el año 2015 en adelante hemos perdido todos los innings con mucha diferencia de carreras y, lamentablemente, no hay muchas probabilidades de que haya cambio de estrategias en lo que queda de juego, porque el mánager está esperando una milagrosa reacción o está abrigando fantasiosas esperanzas con el bullpen (o quizás ya esté pensando en la próxima temporada).

Esta metáfora beisbolera puede servirnos para aproximarnos a concordar un diagnóstico común acerca de la penosa situación política, económica y social. Lo mismo que necesita ese mánager es lo que necesita la dirigencia política opositora institucional: asumir errores y rectificar profundamente. Pues, de lo contrario seguirán apaleándonos en todo lo que queda de juego.

Un primer paso sería revisar tres decisiones que se han implementado por varios años, a fin de evaluar sus resultados y determinar si la mantenemos, modificamos o derechamente la anulamos, estas serían: a) Sanciones petroleras, financieras o comerciales; b) Abstención; c) Intervención Extranjera, Golpe de Estado y similares eventos por la vía violenta.

En primer lugar, tenemos a las sanciones, estas se establecieron con el propósito de aplicarlas para presionar una eventual negociación que contribuyera a unos elecciones libres, justas y transparentes y/o sentar las bases del inicio de un proceso de transición a la democracia. ¿Cuál es el resultado práctico? Francamente, las sanciones personales le han hecho la vida más complicada a Maduro & Cía para ocultar sus bienes mal habidos, pero ellos tienen cómo defenderse y surfear las fuertes olas. Sin embargo, las familias más vulnerables siguen ingeniándoselas para sobrevivir una calamidad tras otra y, por otra parte, el régimen autoritario tiene el argumento perfecto para desprenderse de toda responsabilidad. Además, preguntémonos lo siguiente: ¿Han desaparecido los regímenes autoritarios de Cuba, Irán, Corea del Norte, Siria, Bielorrusia, Somalia, Zimbabue, Yemen, Sudán, entre otros, como consecuencia de las sanciones? Pues, ninguno.

Seguidamente, nos encontramos con la abstención, la cual se instaló con el objetivo de deslegitimar a Maduro & Cía y enviar señales a la comunidad internacional de que no participamos en elecciones fraudulentas y amañadas. ¿Cuál es el resultado práctico? Básicamente, el próximo 5 de enero se acomodarán en 256 sillones de la Asamblea Nacional los nuevos parlamentarios que redactarán las leyes de obligatorio acatamiento y cumplimiento para todos los venezolanos. Y, adicionalmente, se arriesga que conformemos un gobierno en el exilio como los cubanos en Miami.

Luego, analizamos la idea de lograr el cambio político por la vía violenta con la ayuda de otros actores, por lo tanto, dedicamos las energías en pedir intervención extranjera o atraer a las Fuerzas Armadas para que se pronuncien a nuestro favor. ¿Cuál es el resultado práctico? Honestamente, solo hemos recibido un saludo a la bandera. Y esto no debería impresionarnos, puesto que cada país ya tiene suficientes problemas internos para venir a sumarse a otros gratuitamente y, por otra parte, en el siglo que vivimos casi está extinguido el espíritu epopéyico o las ínfulas de heroísmo para liberar a otros.

Por todo lo anterior, sería mejor si reconducimos nuestras energías en diseñar un proceso de convergencia, en el cual todas las fuerzas que adversan a esta administración productora de pobreza se agrupen con sentido político y no romántico. Es decir, que se unifiquen para tomar decisiones prácticas y viables y no aspiraciones poéticas e ilusorias de unos pocos.

Y, por cierto, todo esto pasa por reconstruir las organizaciones de base, orientar todas las protestas diarias que siguen ocurriendo, tejer nexos con las organizaciones que continúan ayudando desinteresadamente a los más vulnerables y, finalmente, consolidar un movimiento nacional que vaya ganando espacios institucionales de forma gradual. Esa debe ser una hoja de ruta firmada y sellada por todos con el claro propósito de imprimir confianza, consistencia y congruencia (con compromisos y objetivos de al menos 10 años de plazo).

En suma, tan pronto como sea posible, debemos recoger todos los escombros ocasionados por la destrucción que conocemos, pero al mismo tiempo debemos asegurarnos mirar fijamente a todas las víctimas de esta larga tragedia que no cesa para comprender -de una vez por todas- que no valdrán sanciones, abstenciones e invasiones que puedan lograr el cambio político. De lo contrario, asistiremos al funeral definitivo de nuestra democracia.

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