Si alguien declara que somos uno de los principales centros mundiales del crimen organizado, ¿cuántos se atreverían a desmentirlo? Creo que muy pocos. A decir verdad, somos uno de los principales corredores para la comercialización de drogas y hoy nadie duda que seamos una ruta distinguida del narcotráfico.
Actualmente, altas autoridades del gobierno han sido implicadas en carteles criminales y es notorio cómo la delincuencia ha ganado espacios en el sistema gubernamental (ej. sobrinos de la pareja presidencial, pranato, contrabando de gasolina, armas y alimentos, operaciones cambiarias ilegales, proliferación de mercados negros, lavado de dinero, colectivos armados, extorsión a mil por minuto, etc.). Desgraciadamente, existe un matrimonio feliz entre el gobierno y los grupos criminales. No lo digo yo, lo dicen los distintos procesos judiciales abiertos en territorio nacional y extranjero, además, declaraciones de amigos y camaradas del pasado (ej. Rafael Isea, Rafael Ramírez, Walid Makled, Aponte Aponte, Leamsy Salazar, Hugo Carvajal, entre otros).
En Venezuela, pareciera que las actividades ilícitas es la mejor forma de ganarse el pan porque el mismo sistema te empuja –y ampara- para hacerlo. En rigor, vivimos en un ecosistema criminal que te obliga a sobrevivir bajo una lluvia de ilegalidades, perversiones e inmoralidades sin chistar.
Lamentablemente, las estructuras que refuerzan las operaciones delictuales se fortalecen diariamente. Hoy por hoy, las instituciones gubernamentales y las organizaciones criminales están trabajando en equipo. En otras palabras, el Estado con ayuda del crimen organizado gobierna al país.
