Félix Cordero Peraza / Articulista
Venezuela necesita revivir y reiniciar urgentemente el proceso de diálogo entre el Gobierno y la oposición. Crear un ambiente de convivencia y coexistencia cordial e inteligente entre y desde el mundo político. El odio y la animadversión se extendieron por las capas de la sociedad. Ciudadanos, organizaciones e instituciones públicas y privadas se enfrentan cada vez más con no fáciles obstáculos emocionales para establecer relaciones normales de entendimiento y tolerancia. ¡La división del país ha sido brutal! Cruza clases sociales, raza, religiones, hasta costumbres y leyendas. La frustración y la impotencia campean señoriales. Se perdió el respeto y la compostura afable. Sin embargo, mientras este escenario se extiende los bloques gobierno y oposición cabalgan con sus maletas cargadas de intereses grupales. Haciendo caso omiso de esta realidad psicosocial pescan en río revuelto y utilizan la animadversión y la ofuscación existente para la aplicación de sus propias estrategias políticas. Echándole leña al fuego en cada postura. Trasladan la acción proselitista y organizativa a las manos de fanaticadas delirantes de revanchismos. En este aspecto no hay santo por quien rogar… En verdad, no ha sido espontáneo el surgimiento de este clima de intolerancia y animosidad. Privilegian campañas y matrices de opinión que salen de laboratorios especializados. Del centro de este panorama de negatividades, carente de valores históricos, morales y políticos, surge en las redes sociales una indigna campaña contra el Vaticano y su representante en Venezuela el nuncio apostólico. Sociedad, en franca decadencia y falta de valores y principios. “Todo es igual nada es mejor lo mismo un burro que un gran profesor”, tal como lo dice el tango Cambalache. Empresa, que desconoce el extraordinario papel jugado en América por el Vaticano en la resolución de conflictos. En donde ha intervenido sobresale su maestría, pedagogía y alto profesionalismo. En este continente ocupan lugar destacado la intervención del Papa en el conflicto de Argentina y Chile, por la posesión de las islas situadas en el canal de Beagle, y cuyo acuerdo se firmó en 1979. El trabajo profesional y de la más alta factura diplomacia demostrado en el acercamiento entre Washington y la Habana; reconocido por ambos lados. Su papel en el proceso de paz entre el gobierno de Colombia y las Farc, lo caracterizó la discreción y la aplicación de su metodología. El diálogo solo es posible con la mediación de una institución respetada y de la más alta credibilidad posible. Su autoridad es incuestionable en esta materia. El resultado de sus intermediaciones así lo señalan. No se trata de ganar tiempo se trata de darle tiempo suficiente al diálogo. Llevar sosiego y tranquilidad a la población, que ya tiene bastante con la problemática socioeconómica. Tal como lo expresó el papa Francisco: “Para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos, para que se promueva en todo lugar la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco, lo único que puede asegurar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos”.
