El tiempo es relativo explicó Albert Einstein pero habría que agregarle que esa relatividad no le quita lo cruel o perverso que puede llegar a ser, por ejemplo, usted un día de enero se lanza como buchón a derrocar a un presidente y 12 meses después lucha por ver cómo hace para que no lo defenestren a usted.
En el caso de Leopoldo López y su avatar Juan Guaidó la cosa es hasta tragicómica porque, puestos a ver, ahora no es Maduro son los negocios.
Ahora no se trata de tener la presidencia de la Asamblea Nacional (AN) para desde allí intentar derrocar al presidente Maduro sino de tener el control del Legislativo y la “presidencia interina” porque eso les permitirá seguir haciendo negocios con Citgo, los bonos de la República, empresas como Monómeros en Colombia y los recursos del país represados en diferentes bancos del mundo que se supone han sido puestos a disposición de Guaidó por intermediación del Gobierno de los EEUU y que podrían ser miles de millones de dólares.
En 12 meses el objetivo principal, el llamado “cese de la usurpación”, no sólo no se logró sino que hay nuevos intereses y más poderosos.
Piense en el escenario de que Guaidó no sea reelecto presidente de la AN ¿Habría cambio de gobierno en su “presidencia interina”? ¿Cómo va a rendir cuentas del dinero de la República que los gringos le han entregado y los dineros que le han dado para la llamada “ayuda humanitaria”? ¿Habría cambio de embajadores, de las juntas directivas de empresas como Citgo y de los cargos en general que Guaidó ha creado o nombrado?
¿Se complica la cosa verdad? Más si sobre el “presidente” Guaidó pesan serias denuncias de corrupción, aprovechamiento ilícito de bienes públicos y cooperación de bandas criminales como Los Rastrojos, la mayoría de estas denuncias hechas por la misma gente de la oposición.
Ahora piense en la otra opción, que Guaidó sea reelecto, ¿podrá ahora sí “cesar la usurpación”? ¿Seguirá manejando a su antojo los recursos de la República en el extranjero represados por el gobierno de los EEUU? ¿Qué preferirá Guaidó, López y los dirigentes de Primero Justicia que los acompañan de cerca en su aventura, que “cese la usurpación” o seguir manejando los cobres de la “ayuda humanitaria” y los bienes de Venezuela en el exterior que le han sido expropiados?
No es la primera vez que Voluntad Popular se compra un circo y le crecen los enanos. En 2014 Leopoldo López rompió el consenso dentro de la oposición e impuso su plan llamado La Salida. Al fracasar en su intento de derrotar a Maduro los intereses y los objetivos cambiaron pues la prioridad fue entonces sacar a López de la cárcel ¿Y Maduro? ¡bien gracias!.
La historia vuelve a repetirse mis estimados y eso le pasa a quien no aprende de sus errores.
Pero aún más. En este caso la oposición ha perdido un elemento importante de su retórica contra el chavismo: la lucha contra la corrupción. En tiempos recientes las denuncias sobre actos de corrupción en el gobierno del presidente Chávez con la importación de alimentos que, además, se perdieron en los puertos, le valió a la oposición un importante rédito político a su favor, pero Guaidó logró lo inimaginable, que la corrupción destruyera, en los hechos, pero también en su sentido ético político, la estrategia de la llamada “ayuda humanitaria” con la que pretendían demostrar el fracaso que le atribuyen al régimen.
Clamar al mundo por “ayuda” ante un régimen fallido y luego que recibes los dólares irte de putas con ese dinero o gastártelo en cosas personales que pueden ir desde un apartamento de lujo hasta ropa de marcas famosas es como demasiado.
El daño en ese sentido es aún más profundo de lo que podemos suponer pues ha sido público, notorio y comunicacional que los casos de corrupción en el interinato de Guaidó han traído nuevas tensiones entre los factores de oposición, sobre todo, entre la gente honesta que los rechaza y pide que se investiguen y se castiguen y los que han optado por tratar de ocultarlos o banalizarlos bajo la premisa de que eso “favorece a Maduro”.
La guinda de la torta es el hecho de que Guaidó se ha deteriorado dramáticamente como figura central de la oposición. No manejo cifras pero parece un hecho inocultable su escasa popularidad, su incapacidad para animar la movilización de calle y, en general, su falta de liderazgo real, lo que, puestos a ver, le pone más fácil las cosas al Gobierno que ha hablado de adelantar las elecciones y dar por finalizado el actual periodo del parlamento nacional.
En todo caso, en 2020 debe haber elecciones de la AN por mandato Constitucional y es realmente un despropósito que la oposición asuma ese nuevo reto liderada por la figura de Juan Guaidó que ya es pérdida.
Digo que es un despropósito en el supuesto de que el objetivo primordial de la oposición sigue siendo sacar a Maduro, pero los hechos me desmienten. Si Guaidó sigue al frente es porque hay nuevos intereses y los objetivos han cambiado.
Un recordado amigo solía decir en casos como estos: “si vos no entendéis algo búscalo por el lado de los cobres”. No es Maduro son los negocios.