Desde la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución (PCDC) hemos venido advirtiendo sobre el giro que ha tomado la crisis político institucional del país, la cual avanza aceleradamente hacia un «choque de trenes» que podría desencadenar una guerra civil con participación internacional. En efecto, a partir del 23 de enero, con la «autoproclamación» inconstitucional del presidente de la Asamblea Nacional (AN), Diputado Juan Guaidó, como supuesto Presidente (e) de la República, contando con el apoyo político y militar del gobierno de EE UU, el respaldo del Grupo de Lima y varios países de la Unión Europea, el tren de la intervención militar dirigida desde Washington, se encarriló hacia la que hemos llamado, la «ruta de guerra» por la vía del uno, dos, tres: 1) Cese a la Usurpación; 2) Gobierno de Transición; 3) Elecciones». La «primera estación» supone la renuncia o salida por la fuerza del Presidente en ejercicio por la acción directa del gobierno de los EEUU y sus aliados. En el otro extremo de la línea, el tren de Nicolás Maduro se mantiene aferrado al poder con un rechazo del 80% de los venezolanos, contando con el respaldo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y gobernando al margen de la Constitución, atrapado en el laberinto de sus propias contradicciones, sin darle respuestas efectivas a la crisis económica y social que ha provocado la pauperización de la sociedad venezolana y la quiebra de la institucionalidad democrática.
Los posibles desenlaces de esta confrontación llevada al límite son: la capitulación negociada del Presidente Maduro por la presión económica y militar de EEUU y sus aliados, o el inicio de una guerra civil con participación internacional siguiendo el patrón de Libia o Siria. En el primer caso, los ganadores exigirían su botín e impondrían sus condiciones enfocadas fundamentalmente en el aprovechamiento de las reservas petroleras y mineras, además de la instalación de un gobierno «transición» títere que garantice la protección de sus intereses geopolíticos y económicos. Si ocurre el segundo desenlace, entraríamos en la vorágine de una guerra civil con participación internacional por tiempo indeterminado que cobraría miles de vidas humanas, la destrucción de la infraestructura nacional y muy posiblemente la mutilación y pérdida de la integridad territorial del país, con graves consecuencias para las generaciones presente y futuras. En ambos casos, el conflicto terminaría en una negociación con el gobierno de EEUU de espaldas al país y en la humillación histórica del pueblo venezolano, que sería la víctima y quien tendría que pagar las consecuencias y cargar con los costos y la pérdida de soberanía de la Nación.
Ante este terrible escenario, en el que está en juego la existencia misma de la Patria, hemos venido planteando como salida a la crisis política la «ruta al alternativa de la paz y el cambio», la cual tiene como primera estación la apertura de un diálogo entre la AN y el Gobierno con el acompañamiento de la ONU, para acordar por consenso la reestructuración del CNE. La segunda estación, es la convocatoria de un referéndum consultivo, aplicando los artículos 70 y 71 de la Constitución, para que sea el pueblo quién decida si quiere o no renovar los poderes públicos. De esa manera, el protagonismo y la decisión para zanjar el conflicto político institucional quedaría en manos del soberano, sacando del primer plano a Trump y su pandilla. En ese diálogo y negociación, los interlocutores deben dialogar con los movimientos sociales y políticos, para construir un programa de emergencia y recuperación nacional consensuado, que atienda con urgencia la grave y devastadora crisis social y económica que agobia a los venezolanos.
Además de hacer pública la propuesta, decidimos presentársela a la AN y al Presidente Maduro, mediante un diálogo franco, dejando claro nuestra posición de rechazo a la conformación de un gobierno paralelo al margen de la Constitución, impulsado por EEUU y sus aliados. La Directiva de la AN nos invitó a dialogar sobre la situación del país y sus posibles salidas. El pasado 5 de febrero acudimos a la sede del Parlamento Nacional a una reunión con el Diputado Guaidó, en su carácter de Presidente de la AN, dejándole bien claro que no lo reconocemos como Presidente interino, sino solo como cabeza del Poder Legislativo. Le dijimos que no estábamos allí como mediadores sino como proponentes de la «ruta de la paz y el cambio» como alternativa a la propuesta de EEUU y el Grupo de Lima asumida por él, que hemos denominado la «ruta de la guerra». Le informamos que esperábamos reunirnos con el Presidente Maduro para llevarle esta misma propuesta.
