Stella Calloni / Analista política / Prensa Latina
En la cárcel de Alto Comedero, en la provincia argentina de Jujuy, Milagro Sala, dirigente de la organización social Tupac Amaru, y diputada del Parlasur, continúa arbitrariamente detenida desde el 16 de enero de 2016…
Sin que el gobernador Gerardo Morales, de la oficialista Alianza Cambiemos, haya respondido a miles reclamos que llegan desde todos los lugares del mundo, de parlamentos y organismos como Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA). Detenida por la política de persecución asumida por el gobernador en una provincia de características feudales, donde la justicia es y ha sido manejada por los grandes terratenientes y dueños de ingenios, en esa prisión se violan todas las reglas para humillar y doblegar a Sala y a otras compañeras detenidas junto a ella y sembrar el miedo en la población. Milagro está en la lucha desde los 14 años cuando se enteró de que había sido abandonada y adoptada por una familia, de clase media pero no pudo perdonarles que le hubieran mentido sobre su origen. Se fue de su casa entonces. Su historia «en las calles de la soledad y el abandono», que eligió junto a tantos otros niños de pueblos originarios, los más olvidados entre los olvidados, como ella misma dice, fue dura tumultuosa. Fue presa alguna vez, pero ella quería conocer de raíz lo que se vivía en ese mundo oscuro y despiadado de la exclusión total y allí nació su espíritu de lucha, que nunca la abandonó. Esa historia conmovedora la llevó a conocer al peronismo, grabado como historia de un tiempo de justicia social en la memoria de los pueblos más perdidos de la región, y que se iba transmitiendo oralmente y persistiendo a través del tiempo. Ella había hecho todos los trabajos posibles lustrando zapatos, vendiendo frutas, lo que fuera hasta lograr un empleo. Del profundo dolor de no saber quién era en realidad y llorando a escondidas muchas veces en la mayor desolación, se fue haciendo cada vez más fuerte. Había injusticia y hambre en Jujuy, como mostraban las cifras de esos años de fines de los 90, cuando el país comenzaba a caerse. Ella cree que, como sucede ahora, en esos momentos en Jujuy se probó «como en un laboratorio» hasta donde podía un pueblo aguantar el hambre con cifras de hasta 60% de desocupados. Hubo personajes inolvidables, como el dirigente sindical Germán Abdala y su sueño de cooperativas. Para Milagro eso fue clave, para avanzar hacia una mayor justicia y defensa de los pueblos olvidados. En 2001 cuando el país se hundió en la crisis económica más grande de la historia, «un país vendido y saqueado» la tragedia social fue más que dura en Jujuy . Cuando en 2003 Néstor Kirchner llegó al gobierno con un discurso distinto y comenzó a «hablarnos a nosotros, los silenciados y olvidados» , comenzamos a esperanzarnos con planes superadores. Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner el apoyo continuó, para desarrollar uno de los proyectos sociales más importantes del país. Lo que había logrado la Tupac Amaru era único en el país, y los trabajos de las cooperativas llamaron la atención en diversos países del mundo. Desde Europa vinieron a filmar los barrios de la Tupac y además se compraban las prendas artesanales cada vez más bellas, de los cooperativistas que habían recuperado la memoria de los telares de los pueblos originarios. El arquitecto Jaime Sorín ex decano de Arquitectura de la Universidad de Bunos Aires, reflexionó sobre la ciudad construida por ella y sostiene que especialistas europeos que visitaron el lugar «lo vieron como posible modelo de ciudad poscapitalista por el entramado de casas con escuela, centro comunitario, centro de salud y parque acuático que tiene como mirador el templo Kalasasaya, réplica del espacio sagrado de las comunidades aymara en Bolivia. Ese fue el pecado capital de esta dirigente con una fuerza extraordinaria y una sabiduría ancestral en su discurso. Por eso la votó el pueblo como diputada del Parlasur. «Me detuvieron cuando el pueblo se vio atacado de un día a otro, querían disolver las cooperativas, por eso acamaron pacíficamente en protesta ante la casa de gobierno. Me detuvieron como instigadora a la violencia, cuando no se hacía nada más que una sentada pacífica. No sólo me hicieron un juicio donde no probaron nada y me condenaron sin causa y sin pruebas a tres años, sino que me comenzaron a inventar causas, Cada mes aparecen con nuevas causas, sin pruebas». Su esposo estuvo detenido y sus hijos son perseguidos así como los trabajadores de la Tupac Amaru. El juicio donde la condenaron por tres años, está plagado de irregularidades gravísimas. El único testigo que acusó a la dirigente, por una protesta donde un grupo de militantes de otra organización arrojó huevos contra el entonces senador Gerardo Morales en 2009, es empleado de este y se comprobó que recibió una cantidad de dinero por su testimonio.
