La derecha venezolana conspira desde 2002 para meter a nuestro país en la alfombrita del perrito simpático
Hay insultos que honran. El inenarrable presidente de Perú nos quiso ofender y terminó elogiándonos, cosa que se agradece así haya sido una puñalada trapera de su inconsciente. Kuczynski, que así se apellida el exdiscípulo de la Universidad de Princeton, cuando recibía la medalla Madison, máximo honor que dedica esa institución a sus exalumnos, soltó una perla que habría hecho exclamar a Vallejo: “¡Aparta de mí este cáliz!”.
Pero ¿qué dijo el homenajeado semanero de Princeton University? En sus palabras de agradecimiento por la chapa, al referirse a las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, sentenció sabihondo: “Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas, como el Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina, pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”.
Tomé la cita de El Comercio de Lima, uno de los periódicos del Grupo de Diarios de América (GDA), que vive en campaña contra Venezuela, para que no vengan a descalificar la fuente. Por esas obsesiones de la vida, Pedro Pablo Kuczynski liberó a Venezuela de su lacayismo canino al acotar que nuestro país “es la excepción” de esa buena conducta del “perro simpático en su alfombrita” y (por eso) “su situación es insostenible”. ¡Bendito sea Dios!, y casi escribo que Kuczynski también.
