Una vez finalizadas las fiestas navideñas y carnavalescas, tímidamente el diálogo retorna a la palestra pública, de la mano de detractores e impulsadores de la leyenda negra y dorada.
Despiertan los intentos de salvar al “disminuido” y estancado diálogo democrático, atrapado en una batalla política, vapuleado por una retórica bélica que lo tiene contra las cuerdas y a punto de tirar la toalla.
Desde el optimismo, se afirma que nuevos aires soplan en torno al aún vigente diálogo y los impulsores se lanzan al rescate. Para los pesimistas, el diálogo se encuentra congelado y es casi imposible revivirlo.
En la figura de Rodríguez Zapatero, retorna la mediación internacional con la intención de intercambiar ideas y reactivar “el paralizado diálogo” entre Gobierno y oposición.
A la espera de un milagro, el presidente Maduro se reúne con líderes religiosos, aboga por la “unión espiritual del país” y pide reactivar el diálogo de paz. Desempeñando su rol político, el cardenal Urosa Sabino asevera que «el gobierno se burló del Vaticano con el diálogo» y acusa al ejecutivo de “avanzar en su línea totalitaria y dictatorial”. El Defensor del Pueblo aclara que Celli y Giordano, “son los únicos facultados y legítimos para opinar sobre el proceso de diálogo nacional en nombre de la iglesia”.
Ante el temor de que se impongan radicales y atajos, la oposición moderada asevera que en la MUD si hay partidarios del diálogo. El diálogo se torna entonces en una suerte de panacea al servicio de la causa opositora. Para unos, es la vía que conduce a las “postergadas sin razón” elecciones regionales; mientras que otras voces, de la misma tolda, alegan que éste es el mecanismo para alcanzar un necesario clima de estabilidad y la reactivación económica del país.
Se repotencia la presión internacional con la resolución del Senado de EEU y el llamado a la institucionalidad de las Fuerzas Armadas, al cumplimiento de los compromisos en el diálogo y a la liberación de los presos políticos. Medida que, según vocero de ese país, pretende mandar «una clara señal a Maduro». A lo interno, unos celebran y otros denuncian la grave decisión.
En tanto simple espectadora de este teatro bélico, parte de la ciudadanía se refugia en sus espacios privados. Mientras otra toma posición política y, a través de las redes, replica desde la emocionalidad la retórica confrontacional.