Alfonso Hernández Ortiz- Politólogo – abogado [email protected] / @AlfonsoZulia
Las instituciones políticas representan una parte muy importante de todo nuestro patrimonio social, en palabras de Duverger “son las que se refieren al poder, a su transmisión a su ejercicio, su legitimidad”. En la actualidad, las instituciones en Venezuela han sido fracturadas por los mismos actores encargados de dirigirlas, los ciudadanos han perdido su confianza en ellas, su legitimidad y capacidad de representación como referente social se ha visto debilitada, asunto que se torna altamente volátil y peligroso, ya que la institucionalidad al representar el elemento de estabilización de la democracia y al verse fragmentada como modelo estructural de la sociedad, se pierden las reglas comunes, la directriz, la autoridad y deviene el caos.
Hemos llegado a un punto de quiebre, tal como lo expresa el sociólogo Ramón Piñango: “Sálvese quien pueda”, todos contra todos, el grado de especulación que se ve en las calles es incontrolable; el bachaqueo se ha exacerbado en sus niveles más altos; en las oficinas públicas las cosas funcionan a medias y en otras ya ni siquiera funcionan, su operatividad para atender las demandas ciudadanas se han limitado a solo dos días de la semana. La criminalidad desatada ante la ausencia de la autoridad ha desenfrenado la furia de la gente quienes están haciendo justicia con sus propias manos, manifestándose constantemente la figura del “linchamiento”, como síntoma del descontrol social. Los símbolos de las instituciones policiales se han convertido en las nuevas “vacunas” de quienes ostentan camionetas lujosas o carros último modelo, que transitan por la ciudad sin respetar semáforo alguno y mucho menos alcabala o autoridad. La oscuridad, el descuido, abandono y desidia en las plazas públicas y los espacios de esparcimiento de los ciudadanos han pasado al control del hampa; estamos perdiendo la libertad y el miedo y la desesperanza se adueña de los hogares venezolanos.
Esta realidad antes descrita, se debe a la desorganización, dispersión, el mal funcionamiento, hasta la casi inexistencia de nuestras instituciones, generando la pérdida de confianza, de fe, de interés, bien como lo define Sánchez Viamonte “las instituciones son la estabilización de formas sociales de convivencia”, en tal sentido, al desconectarse con su razón de ser, como sistemas de seguridad, para dar respuestas y regular a las situaciones de inseguridad que se presenta en la convivencia social, amenazan la estabilidad del sistema y las libertades ciudadanas.
