Opinión

Lea en opinión: En tu día…

 Se aproxima el Día de la Madre, de la buena madre, como en mi caso, ya sin su presencia a mi lado, y de quienes se fijan como meta hacer felices a sus hijos, acrecentar ese amor que a diario prodigan, evadir los problemas que atentan contra la armonía familiar.

Hoy estamos acosados por tentaciones, debilidades humanas, circunstancias desalentadoras, pero cada buena madre está convencida de que la vida del hijo tiene un propósito, un plan. Se interesa en mínimos detalles, siempre con un corazón tranquilo, y un espíritu apacible que cada hijo necesita en la dinámica de la vida, de la consideración, del estímulo, de la actitud amorosa, de la fe que les llevara más allá de las dificultades, con su corazón dispuesto, noble, con el compromiso que se adquiere cuando cada madre buena está consciente de que es mujer de hogar, de unidad familiar, apoyada en sentimientos de seguridad, amor, aceptación.

 Hogar y  familia son bases de la sociedad, y la influencia de la madre buena es ¡insuperable! En momentos de tensión emocional, en situaciones de lucha contra la injusticia, allí está presente la madre buena, defendiendo su familia, la más golpeada dentro de la crisis por la que atraviesa Venezuela. Nuestro país, nuestra sociedad, desea cambios, aspira progreso para una vida más humana. Tenemos derechos, también poseemos deberes, y uno de ellos es exigir que la madre buena, y por ende, la familia, sean el centro de preocupación del Estado y de quienes vivimos en éste. Una familia no es una isla, está constituida por hijos, padre y madre. Cuando se trata de  madres buenas, que a la vez son padres, las observamos cargadas de gran  responsabilidad social, peregrinas en esta tierra que es patria de cada familia.

 Ello debe darnos una sacudida vigorosa que colme los rincones de nuestra geografía,  que nos despierte del afán materialista que impide mirar el fondo de cada vida. Con gran fe, descubriremos caminos que nos llevarán a la construcción del verdadero amor, en letras grandes, donde no valen los egoísmos,  solo son permisibles nobles ideales que deben estar siempre presentes.

¿Qué está fallando en los hogares de Venezuela y el mundo, donde impera la desconsideración por la vida humana? La libertad y el derecho nunca pueden ser banderas para el delito. Concienticémonos de nuestro origen y destino, luchemos por rescatar valores más importantes que pedazos de territorios.

Si preguntásemos a cada madre buena sobre lo que desean en la vida para sus hijos,  la respuesta sería “felicidad“. ¿Pero dónde está la felicidad y cómo los ayudamos a encontrarla?  ¿Con seguridad económica? ¿Cuidando su salud?

Si observamos la realidad, el mejor seguro de vida para ellos es desarrollarles un sentido claro y confiado de su propia identidad, amándolos, valorándolos, respetándolos. Son nuestra única esperanza para el futuro. Nosotros, su única esperanza para el presente y el inmediato porvenir.

 

 

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Opinión