Opinión

La parcialización mediática

 El sacrosanto derecho de la comunicación, calificado de “libre y plural”, cuya contrapartida es el derecho a la información que ha de ser oportuna, veraz, imparcial, sin censura, sometido a la Constitución y con sus corolarios, los derechos de réplica y rectificación, se ha encontrado afectado como nunca antes por la parcialización, esto es, por las tendencias ideológicas o partidistas de los profesionales del periodismo. La parcialización sería aceptable cuando se trate del análisis de los sucesos, esto es, del juicio ideológico con respecto a lo acaecido o esperado, pero al versar sobre la simple exposición de hechos, no hay cabida para tal tendencia. En la vida real, nos encontramos con que es sobre los hechos, que la parcialización mediática se ha hecho más exacerbada.

 Parcializarse sobre los hechos significa darle a los ciudadanos en general que esperan la noticia, su visión equivocada, porque solo se mencionan aquellos convenientes a los fines que se persiguen. Así, en una escena en la cual un policía se enfrenta a un manifestante agresivo, la cámara parcializada toma solamente al policía, señalando la dureza de su acción. Esta fotografía no nos dirá nunca la realidad de lo sucedido, sino que será la prueba de lo que quiere hacérsenos saber, que lamentablemente, no es la realidad, sino una parte de ella.

Hemos vivido el drama de unas agencias internacionales parcializadas, capaces de enviarnos cables, fotografías, películas de hechos que ellos quisieran que hubiesen sucedido en la forma en que los exhiben y que, para lograrlo han sido manipulados, e incluso, algunas veces forjados. Ante tal situación, el público calificado e inteligente, ha comenzado a reaccionar como corresponde, que no es otra que prescindir de los medios parcializados: pasar a otro canal la secuencia televisiva; comprar otro periódico; buscar la noticia en otra estación social y; ocurrir a las redes informáticas.

Todo esto ha llevado a una situación muy especial y es la de que los sujetos más analíticos, mejor conocedores de los hechos por sus estudios o vivencias pasan a ser los menos informados. El hombre sin sentido crítico, que acepta como un dogma la noticia; se hace adicto de ella y se siente su dueño, no sabe que en realidad no está informado; que las verdades que cree recibir, no son tales, sino realidades trucadas en algunos casos, o verdaderas y auténticas falsedades en otros. Por el contrario, el sujeto culto, con poder de análisis estará cada día menos informado, porque sus dudas sobre la veracidad de las narraciones mediáticas lo hacen rechazar lo que el resto entiende por información.

¿Cómo podrá resolverse ese problema que en Venezuela es cada vez más grave? Vemos que los periódicos informan que la compañía de las cuatro hermanas ha ganado un juicio trascendental, derrotando la postura de los litigantes nacionales, pero si se desnuda la información, los hechos no son así. Existían varios juicios y solo en uno de ellos la campaña aludida ha tenido un éxito parcial.

Las informaciones vienen todas en ese sentido. Nada que pueda favorecer al lado que adversamos es publicado, con lo cual hay una situación de incomprensión de los mecanismos del Estado y de la sociedad. Perdidoso es siempre el ciudadano común y corriente porque a él se le está escamoteando la verdadera orientación de los hechos y se le está privando de ese derecho que está muy bien configurado en el art. 58 de la Constitución.

No hay un remedio para impedir ese tipo de bajezas mediáticas, porque cualquiera que se utilice será calificado como mordaza o censura. Tiene que ser el propio destinatario el que se vuelque en contra de quien falsea la información. Tenemos que contar con que la evolución natural de los hechos sea la que resuelva las evidentes fallas existentes en ese pilar fundamental de la vida colectiva, como lo es el de la información.

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