Antonio Pérez Esclarín / Filósofo / [email protected]
Como militante de la educación popular, he dedicado mi vida a trabajar con los pobres y excluidos para dotarlos de un pensamiento y un conocimiento crítico alternativo, que les confiera el poder para transformar sus propias vidas y contribuir, como sujetos autónomos y éticos, a transformar la sociedad. La miseria y la exclusión están ligadas, en definitiva, a la falta de voz y de poder de los grupos populares.
Un pueblo ignorante o superficialmente educado será siempre víctima de liderazgos enfermizos, y vivirá en la espera de mesianismos salvadores y bajo la amenaza de fanatismos que proliferarán en mil formas de intolerancia. Por ello, si siempre me opuse a las democracias meramente electoreras, que vivieron de espaldas a las mayorías populares y olvidaron la búsqueda de la justicia, la inclusión y el bien común, me opongo por igual a todo tipo de autoritarismo y a las diferentes formas de populismo y mesianismo que, hablando supuestamente en nombre del pueblo, le impiden expresar su propia voz y desarrollarse como sujetos independientes y autónomos.
De ahí la falacia que considera solo pueblo verdadero al que grita y aplaude las ocurrencias de los gobernantes. Todos los que se atreven a hacer alguna crítica, sin importar que hayan entregado su vida a combatir todo tipo de exclusión y de discriminación, dejan de ser pueblo y entran automáticamente en la categoría de apátridas, traidores, agentes del imperio, o en el mejor de los casos, masa engañada, que ha sido envenenada o comprada por los golpistas y por los que quieren mantener a los pobres en la exclusión y la miseria.