Por Alejandro Silva, dirigente político
Érase una vez un gobernador de una tierra calurosa y petrolera, que le gustaba la descentralización y luchar por su estado, dejo de ser mandatario regional y se dio cuenta que para “coger pizarra”, tenía obligatoriamente que entregarse al centralismo, convertirse pues en una especie de empleado del gobierno nacional en el estado Zulia.
Érase una vez un alcalde del mismo partido político de ese gobernador entregado al centralismo que definió ser el líder emergente de ese estado, comenzó a minarle el terreno a su compañero de partido, a sembrar la matriz de opinión de que como el caballo viejo, estaba viejo y cansado y que él era el relevo en ese estado.
El gobernador, la máxima autoridad en ese estado, invitaba a ese alcalde a reuniones y este no asistía, le daba órdenes y este no las cumplía, simplemente le dijo, tu por allá, yo por acá, juntos pero no revueltos.
Con todo y la entrega, casi penosa por demás de ese Gobernador al poder central, allá en Caracas existen muchos que no lo ven con buenos ojos, no confían en el, como que si salto de allá para acá y de aquí para allá y bueno, perdió la confianza. Allá en caracas dijeron, tomemos una decisión para ese estado, busquemos uno nuestro que cambie a ese que dicen ya está agotado.
El gobernador no hace nada por su estado, su estrategia se ha basado en agarrarse para él cualquier cosa que haga el gobierno central en ese estado. El otro, el Alcalde se ha esmerado en todo un concepto de mercadeo y publicidad que lo lleve a darse a conocer más. Se toman fotos juntos, salen en ocasiones agarrados de mano, pero la procesión va por dentro.
Erase una vez la historia de un puesto disputado por dos personajes con mala gestión pero con mucha publicidad, quienes por ser unos entregados al continuismo y el centralismo, solo les vienen encima la derrota.