Los precios del petróleo han subido muy tímidamente, en virtud de los ajustes del propio mercado, que sigue sobre saturado de oferta, aun cuando el consumo muestra señales de crecimiento.
Arabia Saudita anuncia un cambio de estrategia en cuando a su economía interna. Cada día dependerán menos de los ingresos petroleros, para dedicarse a potenciar a la empresa privada para ser competitiva a nivel mundial. Revisarán todos servicios básicos, como la electricidad y el agua, ajustando sus precios.
Harán una economía no dependiente del petróleo. Esto significa que si el principal productor y exportador de petróleo tiene como norte no depender del petróleo, teniendo a su vez una gran cantidad de recursos petroleros monetizados, con los cuales puede apuntalar sus propósitos de cambio, el petróleo será menos importante, aun cuando es el país con las mayores reservas de petróleo liviano en el mundo. Al tener menos dependencia del petróleo, Arabia Saudita no tendrá límites de producción, es más necesitarán más producción y más ingresos para sus procesos de cambios.
De manera que en un futuro no muy lejano, tendremos una oferta sostenida por parte de Arabia Saudita, saturándolo y tomando gran parte del mercado. Esto irá en detrimento del resto de los países productores y exportadores de petróleo, además de las amenazas que rodean al negocio petrolero.
Pero la posición de Arabia Saudita es la misma que se quiere imponer en Venezuela, pero con unas estructuras diferentes. En Venezuela se plantea la necesidad de salir de una economía rentista petrolera por una economía productiva. Eso está muy bien, pero aquí al sector privado, muy deteriorado producto de una política sostenida de exclusión, con leyes y objetivos muy marcados a proteger al trabajador, pero sin la búsqueda de la eficiencia, productividad y rentabilidad, hacen inviable el fortalecimiento del aparato productivo nacional.
En Venezuela, con 30 millones de habitantes, tiene una capacidad industrial instalada y no productiva importante, con posibilidades de reactivación y fortalecimiento a corto plazo, con una industria petrolera en pleno desarrollo, con una industria petroquímica y refinadora para poder industrializar los hidrocarburos, generando millones de empleos y riqueza en divisas necesarias para el país. Venezuela lo tiene todo, solo tenemos que tener la disposición y la voluntad para hacerlo. Todo ello cabe en un país socialista o capitalista.
A la inversión privada debe dársele el espacio necesario. Tiene que haber un acuerdo nacional donde el Gobierno, los empresarios, los trabajadores y la oposición democrática establezcan la ruta de la normalización de Venezuela. Aquí puede jugar un papel determinante el papa Francisco, latinoamericano que conoce nuestras costumbres y formas de ser.
Por el bien de Venezuela, todo el país clama por un entendimiento nacional para mejorar nuestra situación. Que se devuelva la ética y la moral a nuestros ciudadanos, por el bien de nuestros hijos y nietos. Para tener el país que nos merecemos.
Si Arabia Saudita tiene ese norte, también Venezuela lo puede lograr. Los cambios serán para mejorar nuestras ideas, objetivos y metas. Seamos mejores ciudadanos cada día y de esta manera haremos mejor nuestra querida Venezuela.