¿Qué hace que la vida sea bella y que podamos mirar con esperanza y alegría nuestro futuro?
Yo creo que son esos momentos, esos regalos de vida, como el que Max Alliey nos dio en nuestro recordado Teatro Baralt, en una noche mágica, empapada de música, abierta a los sentimientos y llena de fe, con la presencia de nuestra querida Chinita, la que nos impulsa a soñar y saber que si podemos, que muy pronto volveremos a ser ese país generoso, lleno de talentos, de creación y de optimismo en un futuro mejor.
Max, como un mago que embruja corazones, nos inundó de música,su música, sus creaciones de toda una vida hecha de sueños, pero sobre todo de trabajo y profesionalismo, de un maestro entregado día a día, a crear, a enseñar, dándolo todo en su pasión de artista con vocación de servicio, atado a su familia y a este Maracaibo que lleva en el alma.
Una orquesta maravillosa, una afinada coral fruto de años de trabajo, las delicadas voces blancas de sus jóvenes alumnas, aunadas a las maravillosas de su hija Maxula y de la soprano Mónica Daniele, sus arreglos, la dirección impecable, su talento, se conjugaron para llevarnos al ritmo del vals, la contradanza y la canción a soñar, a sentirnos jóvenes, a revivir sentimientos propios de nuestra zulianidad, de nuestra juventud.