En un reciente recorrido por las poblaciones de Sanare, Quíbor, Tintorero, Carora, Tocuyo (Lara), Boconó, Pampán, Valera, Escuque, Sabana Libre, Betijoque, Carvajal, Sabana Mendoza, Carache (Trujillo) y Bobures, Los Naranjos, Moralito, Santa Bárbara, Catatumbo, Casigua el Cubo, Las Piedras y La Villa del Rosario (Zulia), se pudo observar que, a pesar de ser zonas productivas agrícolas, la escasez de alimentos y medicamentos es alarmante, inclusive, hasta en el mercado informal del bachaqueo la oferta es baja, cuentan con pocos productos a muy altos precios.
La solución que el Gobierno ha planteado de una manera poco creíble (por los resultados arrojados) para la población es la adjudicación de bolsas de comidas, las cuales contienen productos disponibles para el momento, y que vende el Gobierno por intermediación de los Comités Locales de Alimentación y Producción (Clap), lo que afirma la grave situación de escasez.
El Gobierno está convencido que los venezolanos son unos bolsas al creer que las bolsas del Clap llegarían a evitar el hambre, la desnutrición y la desesperación de un pueblo por alimentarse, inclusive, los venezolanos se han convertido en unos mira bolsas, al estar pendiente cuando alguien tiene una bolsa en la mano para ver qué productos tiene y preguntar dónde los consiguieron.
A pesar de que los precios del petróleo y el oro van en ascenso, los problemas también van en ascenso, como los precios de todos los productos. Mientras tanto, muchos dirigentes políticos se encuentran desconectados de los ciudadanos, hablan de candidaturas y encuestas que los favorecen cuando el CNE no ha anunciado elecciones para nada, lo que debe llamar la atención a los partidos políticos y dirigentes a retomar la agenda de propuestas y soluciones a las necesidades más sentidas de los venezolanos, porque la población se siente desamparada.
Venezuela está como los niños de las calles, desprotegida, huérfana, sin techo. Pero existen países que tienen la intención de brindarle una ayuda humanitaria, sin embargo, el Gobierno no la acepta por orgullo o falsa decencia, lo cual es inconcebible cuando solo poco años atrás ayudó a todos los países hermanos ante crisis económicas, naturales, energéticas, y hay que recordar la crisis particular de Argentina que se ahogaba en sus miserias, y jamás sufrió la pena o vergüenza de recibir ayuda, y al hacerlo salió a flote.
El Gobierno venezolano se hunde y con él los venezolanos, tras seguir enfrascado en un modelo que no genera producción, que se nutre de los pobres a quienes dan dádivas y es que el Gobierno malacostumbró a dar miserias por un voto en un concepto de ayuda a los marginados o excluidos. No hay interés por hacer productivo al país, porque al generar riquezas a modus propio no hay una dependencia directa del ciudadano a las políticas sociales del gobierno; porque aunque parezca inaudito el Gobierno necesita la “inversión social” para ganar estabilidad en el poder, es decir, su gasto es una inversión en votos o legitimidad de quienes reciben sus subsidios, no en contribuir al crecimiento económico del país, sino a mantener un brazo político fuerte. Recientemente, el Presidente hizo un llamado al empresario Lorenzo Mendoza para que por medio del ministro Miguel Pérez Abad lograran conseguir puntos coincidentes para elevar las líneas de producción de Empresas Polar, que de ser cierto sería una decisión acertada, al igual que hizo un llamado al presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, a tener un encuentro personal para minimizar los niveles de confrontación entre el poder Ejecutivo y el Legislativo, enmarcado en el hecho de que los problemas de los venezolanos deben arreglarlos los venezolanos y no estar buscando intervenciones en esferas internacionales.
Y para concluir, es importante comprender que el Gobierno se sostiene en pobreza y que la salida para ello es educarse, ser críticos, generar cambios, basta de concebir un Estado benefactor, y con ello no pido cambiar la mente de los venezolanos, sino dejar atrás una conducta populista y paternalista.