¿Cuál es el fondo de la crisis venezolana? Pregunto porque hará unas semanas que el vicepresidente Aristóbulo Istúriz, intentando darnos ánimos, afirmó que había “tocado fondo” y que, por consiguiente, venía el inevitable rebote, tipo tercera ley de Newton.
Pero dados los eventos de la pasada semana y los que se anuncian para esta, o el fondo es elástico, o aún nos falta por caer o a lo que se refería Istúriz no es la real crisis del país, cuya forma y fondo el Gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) parecen desconocer o, por lo menos, confundir con sus propios dilemas existenciales.
Fíjate en esto. Vamos a enviar a Río de Janeiro en agosto próximo una delegación de más de 70 atletas. Es la más grande en la historia de nuestra participación en unos juegos olímpicos, no sólo por el total de delegados, sino por las probabilidades de ganar medallas.
Esas cosas no las hace un país con una crisis humanitaria como la que la MUD jura ante la OEA que tenemos y con base a la que pretende se le aplique una sanción a Venezuela que complicaría aún más la situación económica del país y podría, incluso, generar una verdadera crisis humanitaria por un incremento de la violencia que, de paso, la oposición necesita para demostrarle al mundo que tiene razón.
¡A ver! Como la realidad se rebela contra mi discurso político, pues procuro, como la madrastra de Cenicienta, que la zapatilla de cristal entre en los pies de las hermanastras, aunque tenga que mutilar a las pobres niñas.
El diputado opositor José Guerra, que entiendo es el vocero más importante de la MUD en asuntos económicos, era el más airado clérigo que, entre muchos otros, predicaba contra el control de cambio. Pues la semana pasada salió a pedir que el Gobierno elimine la tasa flotante Dicom —que ya superó como un cohete los Bs. 600— y la tasa preferencial para subsidios de entre Bs. 10 y 12, y las fusione en un solo tipo que podría ser de entre Bs. 300 y 400.
Éste fundamentalista del libre mercado quiere ahora que le den control de cambio. Ahora que la tasa Dicom avanza rauda y veloz hacia los Bs. 800 y amenaza con igualarse con el llamado Dólar Today que factores empresariales y economistas de oposición han dicho que no se corresponde con la realidad económica del país, pero que, gracias al discurso economicista de la MUD y esa cosa que llaman libre comercio y que a mí se me parece mucho a la avaricia, ha terminado por imponerse.
En este caso, en un sistema fiduciario, el discurso ha terminado por imponerse sobre la realidad, pero el giro en “u” del diputado Guerra, por cuya boca habla un sector empresarial del país, es la prueba de que han terminado como el famoso Chacumbele.
Pero este lío entre lo que decimos y lo que hacemos no es exclusivo de la MUD. Fíjate en este detalle, el Gobierno mantiene la Ley de Precios Justo para evitar que los empresarios especuladores fijen los precios de los bienes y servicios que se consideran esenciales. Extrañamente, la Asamblea Nacional de mayoría opositora, que pide la liberación de precios, no elimina esa ley que considera la causa de nuestros males y de los bachaqueros.
¿Qué pasaría si el Gobierno decretara una liberación de precios y pusiera fin a su política de regulación de precios? La inflación se dispararía aún más y los bachaqueros serían fumigados hasta su exterminio, pero en la economía real, no en la que lleva el BCV y el Gobierno, sino la que contabilizamos con nuestro salario. ¿Qué diferencia hay entre comprar 900 gramos de harina de maíz colombiana a Bs. 1.000 y comprar el mismo producto bachaqueado a Bs. 1.500?
¿Qué más tiene que pasar para que el Gobierno asuma que su política de regulación de precios sólo sirve para alimentar a los bachaqueros que dice combatir y a la rabia y desesperanza de quienes no pueden ni entrar a un supermercado?
¿Qué tuvo que pasar para que el Gobierno hiciera esfuerzos por retomar el diálogo directo con el Gobierno de los EE UU —que a todas luces es el dueño del circo— entendiendo que eso no hace mella en nuestra soberanía ni le quita al Imperio su condición ídem?
El Gobierno y la dirigencia del chavismo son reos de su propio discurso, que ellos asumen que es el consecuente con Hugo Chávez. Pero hasta el chavista más distraído sabe que ha Chávez no había que hacerle caso en lo que decía, sino en lo que hacía. Hasta donde la memoria me alcanza, el verdadero legado político del comandante estaría allí, en su enorme capacidad para lidiar con las situaciones adversar que le cercaron toda la vida y, de acuerdo con ellas, avanzar, retroceder, girar a la izquierda o volver al centro, desenvainar y volver a envainar la espada. Como dice Pablo Milanés en su canción latinoamericana, “aferrarse a las cosas detenidas es ausentarse un poco de la vida”.