El 31 de marzo pasado me dirigí a las oficinas del Servicio Desconcentrado Municipal de Administración Tributaria (Sedemat) de la Alcaldía de Maracaibo para cancelar los servicios municipales y el impuesto a los vehículos. Iba psicológicamente preparado para hacer la cola con que solemos pagar nuestra “tranquilidad” quienes dejamos las cosas para el último día.
Era el día límite de pago para el caso de los vehículos y la oferta de descuento de 25% en el monto por los servicios municipales de todo el año. Supuse que, como en otras épocas, habría “la cola”. Pero cuál no sería mi sorpresa que en al amplio patio de las taquillas ubicadas en la sede de la Circunvalación 1 no había ni un alma. Nadie, literalmente.
Verifiqué hora y fecha —estas cosas sólo le pasan a Buster Keaton y a mí— ¡pero no! Era la una de la tarde del 31 de marzo y para quitarme cualquier duda sobre la soledad que imperaba en las taquillas del Sedemat, un gato negro dormitaba plácido patas arriba muy cerca de allí.
Aun así consulté la información con la señora de la taquilla quien me confirmó que sí, que hasta ese día había chance para pagar el impuesto a los vehículos sin multa y los servicios con descuento, pero “no se puede obligar a la gente a pagar”. Fue un error sacar el pago de los servicios municipales del recibo de electricidad en el 2008, mucho más porque aquella decisión tenía el magro sabor del despecho y se le dio a las gestiones de Manuel Rosales, Daniel Ponne y Eveling de Rosales una cuartada para justificar la deficiente o nula prestación de los servicios que están obligados a prestar a la ciudad. Pero siete años después ¿qué ha pasado? ¿Por qué lo que entonces se presentó como un daño irreparable a Maracaibo hoy se obvia olímpicamente?
La Alcaldía ni se molesta en cobrar los impuestos, no hay ni una campaña de motivación, menos de intimación a los ciudadanos ¿Será que la primera autoridad civil de Maracaibo no se siente moralmente autorizada para pedirle a los maracaiberos y maracaiberas que cumplan con su deber? El Seniat informó la semana pasada que había superado su propio récord en la recaudación del primer trimestre de 2016 ¿Cuánto habrá recaudado el Sedemat por servicios públicos y vehículos?
Misterio. La Alcaldía de Maracaibo, que por su condición de administradora de la ciudad debería ser el ente con mayor interacción con el ciudadano, se ha convertido en casi una zona cero. La cosa es tan alarmante que el partido de oposición a escala municipal, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), tiene cinco concejales en la cámara pero éstos suelen guardar un silencio que francamente raya en la complicidad por omisión.
La señora Eveling de Rosales, por su parte, parece estar en lo que algunos expertos en márquetin político llaman “ostracismo”: la persona pública —sobre todo si la evaluación del público sobre su gestión es mala— se oculta, se mete en algo así como una “concha marina” y al cabo de un tiempo, en un momento mediáticamente preparado, reaparece como una perla, con una nueva imagen para la foto y apostando a que al pueblo, “afocado”, se le olvide su pésima gestión.
El “ostracismo” de la señora de Rosales es tan efectivo que hasta el legislador por Voluntad Popular (VP) al Consejo Legislativo del Zulia, Lester Toledo, se ha permitido soñar con una candidatura suya a la gobernación, pero todos sabemos en Maracaibo que está condenado a repetir la triste historia de Juan Pablo Guanipa y su aspiración a la alcaldía.
Quizás el cálculo es que para las elecciones de gobernador —aún no hay fecha— Manuel Rosales ya esté indultado por la Ley de Amnistía y pueda participar, pero eso no creo que pase por: 1) el presidente Nicolás Maduro no la va a firmar 2) el Tribunal Supremo de Justicia se encargará de anularla por inconstitucional y 3) porque aunque los dos primeros escenarios no ocurrieran, el artículo 15 —que parece estar escrito para Rosales— solo incluyó un delito menor y al ex gobernador le imputaron no menos de 7 mayores ¿Quién le va a perdonar los otros 6? Pero eso es asunto de la MUD y su arsenal de armas blancas.
Los maracaiberos debemos tributarle a Maracaibo aunque la alcaldesa sea la señora de Rosales. Es un deber que, ante tanta indolencia, se vuelve una protesta, en la esperanza de que más temprano que tarde, como dice la gaita: “despierte y se estremezca la ciudad del sol amada cuando la voz adorada de aquel bardo fiel le cante y orgullosa se levante y a su terruño le ofrezca, su corazón en la mano”.