Pase de nuevo excelentes días en Adícora. La playa a reventar. Confieso que me sorprendió el gentío. Creí que la situación económica generaría playas vacías. Muchos momentos de meditación. Como siempre llegue a casa de mis amigos Víctor y Consuelo Holder. Excelentes anfitriones y mejor compañía para el descanso, la fina abundante gastronomía y la tertulia constructiva. Profesionales y empresarios de gran valía y emprendedores a carta cabal. Él, ingeniero Civil, construye obras civiles en Paraguana. Ella, Médico, atiende su “Centro de Diagnóstico Ecográfico” en Pueblo Nuevo, pintoresco poblado del eje Adícora, El Hato y Guacuira. Los Holder construyen una posada “San Benito” en Guacuira que inauguran a finales de año.
Lució limpia la carretera que une el eje de poblados. Supongo que trabajaron los alcaldes. Primerísima atención y exquisitos y frescos mariscos y pescado en los restaurantes. Precios astronómicos. Muchas posadas llenas de familias y amigos, provenientes de Coro y del Zulia. En un restaurant donde almorcé la dueña me comentó que traía aceite de oliva y una variedad de productos de Aruba. Mucha cola en los abastos, farmacias, fruterías y licorerías. Por allá, vi un camión del gobierno vendiendo harina de maíz. Otro vendía pollo a 800 bolívares.
Pasé largos ratos a la orilla de la playa respirando aire puro y deleitándome con las exuberantes y métricas oleadas que cual viajeras oceánicas tocan la orilla y regresan vanidosas a las corrientes submarinas cargadas del sabor y fuerza de la tierra costera venezolana. Flujo inagotable del infinito mar y torrentes raudos que dan la vida en el planeta. En el horizonte, más distante de la franja imaginaria que divide el azul de las aguas y el cielo, la luna llena anuncia la noche y con la luz del sol alumbra la costa saturada de brillantes colores y fulgores. A mis espaldas, al oeste, el gigante amarillo.
En la mañana siguiente estoy en un chinchorro debajo de un frondoso cují leyendo la novela “El Cementerio de Praga”, de Umberto Eco. Leo el párrafo: “No se cambia el mundo con las Ideas”. “Las personas con pocas ideas están menos afectadas por el error, hacen lo que hacen todos y no molestan a nadie, y sobresalen, se enriquecen, alcanzan buenas posiciones: diputados, condecorados, hombres de letras de renombre, académicos, periodistas”. Y termina, “El necio soy yo, que he querido batirme contra los molinos de vientos”.