Los seres humanos nos diferenciamos fundamentalmente de los animales, por nuestra capacidad de raciocinio, es decir por nuestra virtud de entendimiento, de poder interpretar las demás verdades y precisar un cierto cambio o movimiento intelectual, que se fundamenta en la razón y nos permite transitar desde el conocimiento, hacia una verdad mediata, pasando de lo conocido a lo desconocido, para lograr nuestro propio razonamiento ante las interpretaciones del entorno.
Según, un estudio español publicado por “Hoy Science”, la capacidad de raciocinio esta en los seres humanos desde la infancia, “los niños de 12 meses adoptan un comportamiento preciso y racional, denominado racionamiento puro, permitiéndoles extraer información exacta y necesaria para realizar predicciones optimas, pese a que a situación en la que se encuentren cambie de manera repentina”. La investigación se centra en profundizar en el origen del pensamiento racional y como el ser humano es capaz de interpretar las ideas sobre eventos futuros, desde la niñez.
Ciertamente, el poder del pensamiento es inimaginable, fortaleza que vamos desarrollando los seres humanos desde la infancia, hasta cualquier edad de nuestras vidas, la capacidad creativa e intelectual, no tiene límites, según Prentice Mulford, cada pensamiento es un ladrillo con el que construimos nuestro destino, para bien o para mal “cada vez que pensamos, elaboramos algo a partir de ingredientes invisibles, que contienen fuerzas que pueden beneficiarnos o dañarnos, dependiendo de los pensamientos que nosotros hemos trasmitido previamente”. Para Mulford, todo esfuerzo exitoso está en jamás pensar que algo es imposible. Nunca refutar a priori cualquier idea, por más loca que esta pueda parecer.
Partiendo de los argumentos anteriores, estoy convencido que los seres humanos, contamos con la fuerza más poderosa que puede existir, el poder del pensamiento, sin embargo ese poder puede ser utilizado para el bien o para el mal, para construir o destruir, para estancarnos o para avanzar, todo dependerá del uso que le demos al poder que nos fue concedido, en palabras de Mulford, “piensa sin cesar, estoy decidido, piensa sin tregua, adelante, no hacer otra cosa que pensar, no solo con el cerebro y el corazón, sino con cada movimiento, cada célula; esto acabará generando una fuerza que transportará cualquier idea a la realidad, con la misma seguridad que una grúa levanta su carga”.
