Hace unos cuantos años, en la Escuela de Trabajo Social de la Facultad de derecho de LUZ, fui asesor de una tesis de grado sobre la Desintegración Social de las Familias Wayuu a raíz de su dedicación al comercio de subsistencia en la frontera.
Para aquellos tiempos, nunca me imaginé que las categorías de análisis utilizadas tendrían tanta validez hoy cuando algunas familias zulianas están en proceso de desintegración por la situación que se vive en el país y nuestras nuevas generaciones deciden irse de manera forzada del Zulia, buscando posibilidades en otras partes del mundo. Antes se migraba orgulloso de trabajar en otras partes para ayudar a la familia o a estudiar y se regresaba preparado. Ahora, se viaja obligado para, desde afuera, ayudar a que la familia subsista. Zipote e’vaina como diría el colombiano ante el desastre social de las familias nuestras con tradiciones enraizadas de unidad solidaria, rechazo a la separación, morir en casa, sobrevivir juntos, apoyarse hasta el final y cuidarse en grupo interno materno y paterno.
Tronco e’vaina, como diría el maracucho, nos está pasando por la separación a la fuerza de la familia nuclear y extensa. Cuantas viejitas, sufren por esta situación al pensar que se despiden sin tener cerca a sus seres queridos quienes también disimulan su despedida. Una canción mexicana expresa: …“Dicen que no son tristes las despedidas, dile al que te lo dice, que se despida.” Mientras a diario, para salir, hermanos zulianos venden propiedades, prendas, arte y lo más sagrado patrimonial para conservar. Como testimonio concreto, de dos años para acá, se han ido muchos de mis familiares maternos y paternos. Estamos separados por las graves circunstancias conocidas. ¡Yo me quedo en Venezuela! Amanecerá y veremos, después de las nubes el sol.
La identidad y real esencia de ciertas familias zulianas ha sido minada por esta grave situación que vivimos, la personalidad fáctica del zuliano se derrumba. El talento y los universitarios migran todos los días. La Zulianidad, cuya esencia es la tradición familiar, está en deterioro galopante. El amor, el compartir y la fraternidad en familia se fragilizan. Los tiempos de sancochos, parrillas y parrandas en familia, desaparecieron. Cuanto no sufren las madres en su día cuando los hijos no están ni pueden venir a estar con su ser querido. La vida feliz y con la gente querida vemos que ha mermado. Apreciamos que los miembros de familias dicen que esto tiene que superarse, no podemos permitir que la desintegración familiar continúe y afecte cada vez más al núcleo primario de la sociedad tradicional zuliana.
