Sorprendente que ayer sábado, en una visita a la Casa de la Cultura de Maicao, Departamento de la Guajira de Colombia, la noticia-preocupante fue sobre la muerte, por desnutrición, de niños y niñas wayuu.
Y, El pasado viernes 18 del presente mes, se conmemoró el Día Nacional del Niño y de la Niña Indígena en Venezuela, buena iniciativa que nació en la Guajira venezolana, pero igual vale para la Guajira colombiana por cuanto conforman una sola unidad étnico-territorial e histórica en la península. El caso es que aprovechando la fecha se impone plantear, una vez más, la crítica situación que viven los niños y niñas en ambas guajiras.
La hambruna continúa. Del lado colombiano, representantes de la comunidad wayuu, recientemente acudieron por primera vez a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) de la OEA con sede en Washington para que tome en cuenta sus derechos fundamentales. El representante legal, Javier Rojas Uliana, y varias autoridades tradicionales indígenas solicitaron a la Cidh dictar medidas cautelares que les permitan seguir disfrutando de su río ancestral Ranchería, al cual quieren desviar de su lecho original. El doctor Jorge Todedo Lozano, de la Universidad de Bogotá, y la doctora Carolina Janchica Moreno se encargaron de toda la fundamentación jurídica.
El resto de las denuncias son contundentes. Armando Valbuena, Autoridad Tradicional, sostiene que más de 35.000 niños wayuu sufren de desnutrición y al menos 5.000 han muerto. A raíz de todo este escándalo, hubo una cumbre presidencial en Riohacha y se nombró un nuevo director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. En este contexto, cabe reconocer el trabajo y esfuerzos de la hermana Marta Afanador.
