Opinión

En opinión: ¡Maracaibo a pie!

 La Alcaldía de Maracaibo incrementó a 80 y a 100 bolívares el precio de los pasajes y el consuelo que nos dio es que pudo ser peor.

Lo que todos los maracaiberos y las maracaiberas sabemos, incluyendo las autoridades municipales que prefieren hacerse “las musiús”, es que desde hace rato están cobrando más que eso al fragmentar las rutas, hacerte pagar ida y vuelta —si te queréis ir rápido, necesitáis llegar a tiempo o no podéis hacer la cola— o si te toca “en suerte” agarrar un “pirata” que “te sacan las patas del barro”, pero te cobran lo que les da su soberana gana.

No faltan los que cobran, adicional y por cuenta propia, bonos nocturnos, fin de semana o el consabido “esta ruta es muy larga” o el “yo cobro eso, si queréis te montáis”. De tal forma que el aumento aprobado por la señora Eveling de Rosales no viene sino a soportar el abuso que impera en el sistema de transporte público de Maracaibo.

La otra cara de la moneda, es que aunque lo pongan a 200 —que ya muchos, en determinados días, a ciertas horas y en algunas rutas fragmentadas lo cobran— no les rinde a los choferes del transporte público, menos si tienen que pagar un diario. La prueba es que por más que suban y suban el precio de los pasajes, y suba y suba el abuso de algunos choferes, cada día hay menos y menos unidades de transporte público disponibles, incluyendo, las totalmente destartaladas que sólo el ingenio y la audacia de los maracuchos mantienen rodando, aunque sea con una estela de veneno azul o negro escapándoseles por el escape o lo que haga las veces de éste.

Ahora que las escuelas, liceos y universidades están de vacaciones se nota menos, pero la famosa “aurora diamantina”, aquella en la que “una inmensa vos se escucha, la del bardo que le canta”, la mañana maracaibera que tantas gaitas ha inspirado se nos ha vuelto una verdadera regorgalla: subirse a un autobús, montarse en un por puesto.

Hacer en Maracaibo lo que cualquier ciudadano hace en cualquier ciudad del mundo todos los días, tomar el transporte público, aquí ya casi es un deporte olímpico.

Y nadie es feliz con eso, porque ni se le presta un servicio adecuado y oportuno a los usuarios, ni se atiende realmente a los trabajadores del transporte y la ciudad se nos vuelve hostil, se nos hace extraña, más ancha y ajena. Ir al trabajo, visitar a la familia, hacer mercado y hasta tener novia sin tener carro es una total odisea.

Son muchos, demasiados, los que han tenido que dejar un trabajo o rechazar una oferta de empleo porque los costos de movilizarse en transporte público, el tiempo que hay que gastar en ir y venir de un lado a otro, les arrebatan ese derecho primario que es ganarse honradamente el quince y el último.

Y lo mismo pasa con el estudio. Ir al liceo o a la universidad, sobre todo si es en los horarios de la tarde y nocturno, se hace imposible porque no da la base o simplemente no trabajan las rutas, no hay transporte para los que laboran, los que estudian, los que bregan todos los días.

Y la señora de Rosales, que tiene competencias en materia de transporte público urbano, ni pendiente. En esta ocasión ni si quiere se tomó la molestia de anunciar personalmente la decisión de poner en 80 y 100 bolívares el corto y el largo ¡y que largo se nos ha hecho su gobierno! ¡Cien años de soledad! le han caído a Maracaibo.

Y para que vos veáis que no son roñoqueradas mías, la Alcaldía mandó a poner un semáforo “nuevo” en la esquina de la urbanización Raúl Leoni que da hacia Los Plataneros que no funciona o, lo que es lo mismo, nadie respeta porque por lo general los semáforos en Maracaibo no funcionan y, aunque lo hagan, ya nadie les para porque todo el mundo asume que están malos.

Ese, en mi humilde opinión, es el símbolo real de la actual gestión de la Alcaldía de Maracaibo, un semáforo al que ya nadie le para porque todo el mundo asume que no funciona y si por alguna peregrina casualidad da alguna señal de que funciona, lo hace en cuenta regresiva.  

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