Opinión

En opinión: Los patriotas hoy

¿Vos viste Avatar, la película de James Cameron? ¿Te acordáis de la secuencia en la que bombardean el Árbol de las voces? El coronel Miles Quaritch, el jefe de los mercenarios, le dice a Jake Sully, el avatar, que le van a abrir un hueco tan grande en su mapa metal o genético que luego no se podrán acodar ni de quienes son. El árbol era la conexión de los Navi, los habitantes del planeta Pandora, con sus antepasados, sus dioses o divinidades y la madre naturaleza.

¡Claro!, eso es sólo una película, pero puestos a escoger, puede ser también una metáfora de lo que suele pasar en eso que llamamos vida real y que en más de una ocasión no es vida. Y ahora que vivimos el imperio audiovisual y multimedia, es más probable que vos hayáis visto la película y no te acordéis, por ejemplo, del poema de Mario Benedetti sobre una frase de José Martí, “patria es humanidad”, que hace referencia a estas cosas del ser y el estar, del yo y el nosotros, del vivir.

Y hoy se me ha revuelto todo eso en la cabeza porque es 5 de Julio.

Tradicionalmente, celebramos la heroicidad de los primeros venezolanos, los que en 1810 se rebelaron contra 300 años de tiranía y dieron el gran salto de esclavo a ciudadano y tamaña fue su insolencia —como la calificaron entonces quienes eran partidarios de seguir genuflexos ante un rey— que se atrevieron a escribir el acta de su independencia en 1811, con sus palabras, con sus propias voces, evocando a los aborígenes de lo que ahora era su tierra. Resueltos a ser libres, se atrevieron a escribir su historia.

Hoy en Venezuela decir que tenemos patria es considerado un delito, una herejía, por la que puedes ser lapidado verbal o literalmente. Y puedes ser lapidado, además, por quienes, ¡extraña enajenación!, suelen cubrir sus cabezas con gorras con el tricolor venezolano. ¡A ver! ¿No pueden hacer sinapsis entre bandera y patria? Las guerras siempre se han librado desde los símbolos —por eso se crearon las banderas, los escudos y ahora las marcas—, pero aquí hemos llegado a Pandora, ¿de qué tamaño es el hueco en nuestro mapa histórico?

Cuando el 11 de septiembre de 2001 dos aviones de pasajeros derribaron las Torres Gemelas de Nueva York y  Estados Unidos se sintió atacado en su territorio, su seguridad y en los símbolos de su poder, el Congreso sacó en poco tiempo una ley que se dio a conocer como la Ley Patriota. Los gringos apelaron a su historia, a la tenacidad de los pioneros, a sus victorias pasadas, reales o hollywoodienses, para sobreponerse al terror que les asaltó.

En Venezuela la dirigencia de oposición agavillada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha convencido a una parte importante de los venezolanos y las venezolanas de que este país se jodió, que es el peor, el último del planeta en cualquier cosa y que vivimos la época más calamitosa de nuestra historia, que empezó un día como hoy.

Para ello han contado con la consecuente y letal ayuda de los rebullones, eso que también se conoce como la canalla mediática. El bombardeo sobre nuestro Árbol de las voces es tan infame que hasta se minimizan u obvian los triunfos de nuestros deportistas que, en sentido contrario a las agujas del reloj de la oposición, se empeñan en ganar trofeos y medallas.

Memorias de la iInsurgencia, un libro del Centro Nacional de la Historia que recopila los juicios por infidencia (traición al rey) que se le hicieron a miles de venezolanos y venezolanas tras perderse la primera república, da cuenta de lo que sufrieron y padecieron tanto por la osadía de querer ser libres, por la temeridad de crear la patria.

No se trata de la historia de Bolívar o Miranda, es la vida de nosotros todos, de quienes fuimos hace 200 años, de lo que llevamos para tener este país nuestro al que algunos, ¡infinita ingratitud!, hoy se atreven a calificar con palabras como mierda.

Hoy no es el peor momento de nuestra historia, hoy es el momento de escribir nuestra historia con el mismo arrojo, con la misma resolución con que lo hicimos en 1811. Si el pasado es presente, el futuro nos pertenece.  

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