Ante la situación país surge en mi mente una frase de Alfredo Maneiro que encaja con exactitud en este contexto: “No puede seguir la política en esa noria, en que nada pasa ni puede pasar, debe surgir una fuerza, que galvanizando la frustración, pueda romper con el condominio de Gobierno y oposición”.
Una clase política que no avanza, no logra cuerdos, no establece un pacto mínimo de gobernabilidad, ni muestra capacidad de diálogo para sacar al país de esta grave crisis institucional, en la cual nos encontramos sumergidos, con el agravante de no verse señales optimistas que nos permitan creer que disponen de la voluntad para mostrar síntomas de entendimiento, profundizándose el caudillaje y la tiranía.
Se buscan emisarios extranjeros que vengan a decirnos a nosotros los venezolanos que tenemos el deber y la responsabilidad de “entendernos”, Pepe Mujica desde Uruguay exclama “todos los venezolanos están locos”, les corresponde a ellos solucionar sus propios problemas; nos visita el expresidente del Gobierno español Rodríguez Zapatero para intentar mediar entre el Gobierno y la oposición, de igual forma interviene su homólogo de República Dominicana, Leonel Fernández, para impulsar el diálogo entre los actores políticos del país, entre otros exmandatarios extranjeros que han desfilado por nuestras tierras para decirnos qué hacer y para que la clase política venezolana entre en razón.
La dinámica de las marchas convocadas por sectores de la MUD no despiertan voluntades, la quejadera de la gente de la situación país sigue estancada en las colas de los supermercados, bancos y reuniones familiares, se critica todo y se espera que pase algo, pero la pregunta clave es qué tanto estamos haciendo nosotros mismos para reinventarnos, para construir el futuro que el país necesita, para generar proyectos compartidos, para emprender un referente político optimista que pueda enganchar la participación de todos y nos permita despertar y salir de este letargo que nos paraliza.
Ciertamente, es muy difícil ser positivo ante la carga de problemas que nos rodean, el individualismo prevalece como estrategia de sobrevivencia, nos hemos aferrado a buscar otros referentes distintos a la política; lo espiritual, lo místico, las terapias holísticas, deportivas y académicas se han convertido en las alternativas para olvidarnos de la situación país, eso está muy bien, sin embargo toca ocuparse de la política, ya que no puede dejársele toda la responsabilidad a una clase política que no ha sido capaz de evitar, ni resolver, los problemas que hoy padecemos.
El país se desbarata, se cae a pedazos y la única opción del Gobierno y oposición es la descalificación, la guerra de micrófonos y el protagonismo histriónico de quienes ya hacen sus cálculos para hacerse de una gobernación o proyectarse para una alcaldía, montados en proyectos personalistas, enfrascados en insultos y denuncias estériles que no resuelven nada, como lo diría Hiram Gaviria, “los de arriba peleando y los de abajo pelando”, por lo tanto nos corresponde involucrarnos y actuar, la política es corresponsabilidad de todos, no hacerlo nos convierte en verdaderos idiotas.
En la antigua Grecia, el idiota no era el débil de juicio, sino el supremo egoísta, aquel que no estaba interesado más que en su asunto, según Aristóteles, filósofo griego, un idiota era una persona ensimismada y que, al solo preocuparse por su vida privada, ha dado la espalda a la vida pública, en tal sentido el idiota es el anticiudadano, el que espera que alguien venga a resolverle sus propios problemas, el que acepta cómodamente la mentira política, de quienes consideran a sus gobernados como idiotas, incapaces de saber cuál es el interés público, he allí la filosofía política de la idiotez.
Corresponde, en tal sentido, combatir la idiotez con la inteligencia, asumir la participación ciudadana desde cualquier escenario, reaccionar ante una clase política dueña de una mediocridad espantosa, temerosa a los ciudadanos e incapaz de reinventarse. El país no aguanta más, la democracia corre peligro, la libertad y el conocimiento combaten contra la demagogia y la manipulación, por lo tanto nos corresponde a todos anticiparnos, innovar sin esperar que los demás lo hagan, actuar con rapidez y levantarnos ante esta modorra política.