Opinión

En opinión: La inteligencia política

Los seres humanos hemos desarrollado la capacidad de observar, evaluar y juzgar, señalando constantemente a nuestros iguales, padres que se quejan de sus hijos, hijos que irrespetan a sus padres, alumnos que reprochan al profesor, profesores que juzgan a sus alumnos, ciudadanos que critican a sus gobernantes, gobernantes que subestiman a los ciudadanos, políticos que se descalifican por posiciones y colores partidistas, y así pare de contar, pasa entre amigos, hermanos, creyentes de distintas religiones, parejas, familias, trabajadores, en fin,  la sociedad en general.

La crítica se ha convertido en una constante, en una excusa para justificar el fracaso o para argumentar una acción negativa considerándola menos mala de lo que el otro ha hecho, sin darnos cuenta que el efecto del daño se nos devuelve como un bumerán, ya que nos estamos viendo reflejados en ese espejo que tanto criticamos, el mal se profundiza, con secuelas colaterales y consecuencias lamentables, tal como lo establece la Ley Causa–Efecto: todo lo que haces, tarde o temprano lo recibes de vuelta. 

En tal sentido, todo lo que lanzamos al universo siempre regresa a su lugar de origen, si realmente queremos generar y lograr cambios positivos en nuestras vidas o en el entorno donde habitamos, en el país, debemos comenzar por nosotros mismos. Visto desde la tesis del psicólogo Daniel Goleman, desde nuestra “inteligencia emocional”, es decir desde el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo.

La doctora Liliana Roldan de París, directora de la cátedra por la Paz de la Universidad del Zulia, considera que cuando comenzamos a aceptar de manera asertiva las situaciones que estamos viviendo, cambiando lo que podemos cambiar y aceptando lo que no podemos de manera resiliente, nuestro cuerpo y alma estará sano, ahora lo contrario a eso, imponer resistencia proyectando odio, rabia, tristeza, adicción al sufrimiento, nuestro cuerpo enfermará, acelerando su muerte. 

La situación país ha llevado a miles de personas a vivir en un estado de estrés, de amargura, de trastornos mentales; según Guillermo Yáber, miembro de la junta directiva de la Federación Venezolana de Psicólogos, diversos psicólogos han notado, en los últimos años, un aumento en el número de personas que les consultan por ansiedad, miedo, angustia, depresión u otro desorden vinculado a la situación del país. “Hay un lenguaje de amigos y enemigos, y eso no es favorable para la salud mental del venezolano”.

Ciertamente, muchos seguirán enganchados en sus niveles de frustración, ya que apostaron que el cambio vendría desde la clase política, sin embargo, desde nuestra prospectiva, vista desde el análisis politológico, ninguno de los escenarios anunciados por los actores que representan la oposición podrán cumplirse y aunque la coyuntura vislumbra una situación crítica para el Gobierno, el mismo podrá maniobrar ante la cuerda floja; mientras sus adversarios no logren capitalizar un liderazgo unificado, coherente y con capacidad de movilización ciudadana para revocarlo durante este año. Solo el pueblo paciente, ante esta tensa calma podrá decidir el destino y fin de quienes hoy controlan el poder nacional, mientras eso pasa, es necesario avanzar.

Ante esta cruda realidad, es importante que los ciudadanos logren interpretar y asimilar de manera objetiva la situación país que nos afecta a todos, evitando verse inmerso en un ambiente hostil, fatalista, manipulador y demagógico por quienes se alimentan constantemente de las noticias amarillistas y tienen sed de poder; obviamente las condiciones que atravesamos actualmente no son las más favorables, sin embargo, nuestra capacidad de asumir con la mejor actitud la situación, permitirá equilibrar lo que hemos llamado “la inteligencia política”.

Finalmente, quienes logren entender que la crisis brinda una perspectiva de oportunidades, en un país donde a pesar de las circunstancias la gente seguirá comiendo, vistiéndose, recreándose, enamorándose, estudiando, haciendo deportes, trabajando, emprendiendo y buscando desarrollar su potencial para poder alcanzar sus logros y metas, está desarrollando su “inteligencia política”, ya que se ha convertido en un ciudadano empoderado, inmerso en su propio cambio, dueño de su propio destino, ajeno a las ataduras mentales y emocionales, que genera la clase política, para mantenerse o llegar al poder. 

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