La candidatura de Henri Falcón es la apuesta política más audaz, valiente y oportuna que hemos visto en Venezuela en los años recientes, que serán más recordados por el error que por la acción coherente, acertada y prospectiva del liderazgo nacional.Es audaz y valiente porque Falcón se coloca en el vórtice mismo de la polarización chavismo versus antichavismo que ha determinado la acción política en los últimos casi 20 años y él sabe que en ese lugar de la política criolla, como en el famoso Triangulo de las Bermudas, es difícil no naufragar. Lo es, además, porque lo hace en abierto reto a ambas polaridades.El presidente Nicolás Maduro al inscribir su candidatura ante el CNE llamaba “cobarde” a Henry Ramos Allup porque arrugó y ha dicho que el resto de la oposición no participará en los comicios por órdenes del Gobierno de los EEUU, lo que implica decir que Falcón es valiente y no sigue las órdenes del Imperio. En mi artículo del 18 de febrero de 2014 decía, al analizar los probables candidatos de la oposición ante la posibilidad de que Maduro no terminara su periodo, que Falcón no tenía la “pureza de sangre” que los imperialistas le exigen a sus procónsules.La lapidación virtual que los factores de la oposición han hecho de Falcón por las redes sociales, que son ahora sus armas disuasivas y persuasivas más potentes, es la prueba de que ha retado al talibanismo oposicionista más feroz e iracundo pero, no seamos mezquinos, no deja de ser admirable que él vea una oportunidad dónde el resto no ve más que sus propios ombligos, los mismos errores que vienen cometiendo reiteradamente.Si bien la candidatura implica enormes peligros y enfrentar dos adversarios a la vez –al Gobierno que intentará invisibilizarlo y a la oposición fundamentalista que lo ve como un hereje al que es necesario quemar en la hoguera- en ese peligro está también lo acertado y oportuno de Falcón, en la oportunidad de crear una alternativa con la gente a través de uno de los consensos más valorados por los venezolanos desde la caída de Marcos Pérez Jiménez para acá: que los problemas se resuelven votando.El adversario real de Falcón no es Nicolás Maduro, tampoco lo es la dirigencia díscola de la MUD o lo que sobrevive de ella, el adversario real es el desánimo, la desesperanza y la angustia en la que se han sumergido numerosos venezolanos que han optado por irse del país o están pensando en hacerlo o quisieran hacerlo y los que resisten aunque no ven una salida, ni siquiera una ruta de escape, a la crisis económica que es a su vez una crisis ética de la República.Falcón se atrevió, ha retado a las fuerzas nacionales y extranjeras que accionan políticamente sobre Venezuela, salvo Copei, muy disminuido, lo ha hecho sin los factores tradicionales como Acción Democrática y su hijo natural Un Nuevo Tiempo y sin los “lechuguinos” del liberalismo amarillo y anaranjado, la incógnita que aún está por develar es si él es capaz de construir una propuesta lo necesariamente incluyente y creíble para el momento.La polarización se ha reducido a la dirigencia de ambos polos, a esa diatriba de pantallas y micrófonos, a los cardúmenes de medios y periodistas que de un bando o del otro pretenden reducir la vida nacional a un pleito entre Gobierno y oposición, a un maniqueísmo que está lejos del periodismo real, el que se crea desde la gente, desde la opinión pública, la opinión del pueblo y no solo la publicada, pero la mayoría de los venezolanos nos hemos desplazado o las fuerzas centrífugas de la polarización nos han desplazado a un espacio que si bien no se puede llamar “el centro” indiscutiblemente está fuera del radio de influencia de los polos en conflicto.Allí donde el abstencionismo de la oposición fustiga con la crispación mediática y el desaliento obsesivo, allí donde el carnet de la patria aprieta con mayor rigor, en ese espacio que por ahora ni siquiera ha sido nombrado porque tampoco se trata de ser “ni-ni” sino de que los venezolanos somos más que dos polos antagónicos que se excluyen y se niegan, allí tiene Falcón su oportunidad.No es fácil, ni cómodo, no es una zona de confort como les ha dado en llamar ahora, es más bien un camino culebrero en el que prometen aparecer todos los espantos criollos, desde El Silbón hasta La Llorona, pero es el camino de la política real y necesaria, la de hacer caminos.
Comentarios
Inicia sesión para unirte a la conversación.
Cargando comentarios…
Más en Opinión
Panorama Online
Has leído 5 artículos gratis
Panorama es y será gratis para leer. Déjanos tu correo y recibe el resumen del día de Maracaibo y el Zulia — sin spam, cancela cuando quieras.