Hay alguna gente que, por ingenuidad, ha saludado como buena la gestión de un exministro árabe barinés, lo cual también parece haber calado dentro del Gobierno y del Psuv, razón por la cual lo destinaron hace poco a presentarse como candidato a diputado. Es tan poca la gente en el Gobierno con algo que mostrar, que cualquiera que demostrara alguna obra aparecería como un “gran realizador”.
Este nunca ha sido un país con muchas realizaciones o ejecutorias realmente importantes; ha sido casi siempre un país de gobernantes mediocres, tanto hoy como en el pasado adecocopeyano, pero, sin duda, hoy la situación se ha agravado o profundizado y la gente común lo ha notado. Este es un país de gobernantes ciegos, por lo que un tuerto destaca mucho dentro del conjunto, llegando incluso a deslumbrar a dirigentes opositores.
No es la primera vez que un tuerto dentro del chavecismo ha deslumbrado a los venezolanos. Recuerden a Vielma Mora, cuya gestión en el Seniat deslumbró a más de uno dentro de la oposición polarizada, por lo que nunca hablaron de las corruptelas generadas a su sombra, ni se supo de su intenso sabotaje a la aplicación de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación, por sus absurdos deseos de administrar como un impuesto lo que las empresas debían por ley dedicar a su desarrollo científico y tecnológico. Pero lo insólito de estos tuertos es que no hacen sino realizar el trabajo que se espera de ellos, y no necesariamente lo hacen en forma excepcional, sino que lo ejecutan de manera improvisada y sin garantía ninguna de calidad.
Así, en los trabajos en el cauce del Río Valle son varias las cosas mal hechas. No se estudió el impacto ambiental, aunque dentro de poco aparezcan los informes. De hecho, cientos de árboles fueron mutilados y luego removidos, en su mayoría árboles protegidos por sus características especiales. No sería de extrañar que pronto nos informen de “un bello bosque” hecho con estos árboles por allá en la margen occidental del Río Esequibo.