Hablar sobre corrupción en Venezuela conllevaría escribir una enciclopedia por capítulos y líneas de investigación, así como señalar a los corruptos con nombres, filiación política, cargos en el gobierno, ocupación o relación beneficio en contratos, obras, concesiones, favores, tráfico de influencias o privilegios sería un asunto serio, ya que involucraría a muchas personas y cualquiera pudiera salir salpicado, como dirían en mi tierra “le caería mierda al abanico”.
El sociólogo Rubén Aroca en su obra “Corrupción, democracia y élites”, describe varios conceptos sobre la corrupción y desde una explicación de la sociología política se inclina al planteado por Gibson, al identificar como corrupto todo comportamiento que, de convertirse en conocimiento público, conduciría a un escándalo, puntualizando que la “corrupción” genera “escándalo”, cuando es puesta a la luz pública por los medios, compromete un valor y una ética; es decir, cuando conmueve la opinión colectiva.
Ahora, hablar de ética y de valores implica conocer y establecer una línea divisoria entre lo que es ético para unos y anti-ético, para otros, como lo que puede ser un valor o un antivalor o una dicotomía, y allí estarán implícitos elementos políticos partidistas para determinar quién puede considerarse corrupto y quien no, es decir, todo depende desde la óptica que se mire y el color que arroje. Según Savater, la ética es “el arte de vivir, el saber vivir, por lo tanto el arte de discernir lo que nos conviene lo bueno y lo que no nos conviene es lo malo, aunque lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo”.
De tal manera que establecer quien viola los estamentos éticos —morales para ser considerado un corrupto—, implica una serie de condicionantes particulares, de apreciación individual, grupal o según el interés que se maneje y los beneficios o perjuicios que puedan ocasionar en el mantenimiento y permanencia del estatus quo, es decir, es corrupto aquel que no es mi aliado, amigo o socio, y aunque sea vox populi el acto de corrupción no sería ético, ni moral, denunciar a un aliado; en palabras de Claeys y Frognier: “La corrupción es una transacción clandestina salvo allí donde por ser ya sistemática, disfruta de un status casi oficial, de un acuerdo no escrito pero conocido y aceptado por todos”.