Opinión

El amor o la rabia

Cuando en un concierto de Madonna en los Estados Unidos se mostró la bandera de Venezuela mi corazón dio un brinco, no porque me emocionara el detalle de la llamada reina del pop para con mi país, sino porque tuve la certeza de que el imperio se venía con todo.

Ellos son así. Invaden países, bombardean naciones y después les componen una canción que se vuelve, además, un “hit parade”. Masacran un pueblo y luego hacen películas en las que ellos son unos héroes que salvan a sus víctimas. Derrocan presidentes, promueven, organizan y financian “revoluciones” de foami en las que niegan rotundamente su participación y años después desclasifican documentos en los que cuentan como lo prepararon todo fría y calculadamente.

Aunque en el caso de Venezuela, han roto todos los esquemas. Hoy nadie, salvo los cínicos con cara de bronce, sería capaz de negar la injerencia de la Casa Blanca y sobre todo del Pentágono en los asuntos que solo conciernen a nuestro país. Más aún, un sector de los venezolanos puede estar comenzando a ver como “normal” que el Gobierno de los EE UU se entrometa constantemente en la política criolla.

Y la muestra irrefutable de ello es que ni uno solo de los dirigentes de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se pronuncia sobre el tema, ni rechaza y se desmarca —como corresponde a cualquier político de un país soberano— de las recurrentes intromisiones gringas en Venezuela. Por el contrario, sus opiniones, sus propuestas y reclamos coinciden siempre con las pretensiones del Gobierno de EE UU.

Por ejemplo, para Washington, la soberanía para las elecciones del 6 de diciembre próximo no reside en los venezolanos y las venezolanas con derecho a voto, sino en su club de expresidentes latinoamericanos, en los cientos de “observadores” que van a pagar o en el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), quien viene a ser algo así como el subsecretario de Estado para las colonias del hemisferio. Y la MUD está feliz con esa idea.

¿En qué se diferencian las declaraciones del jefe del comando sur, general John Kelly, quien planea enviar a Venezuela a los marines pero con pañales, compotas y agua embotellada, de lo que a diario suelen decir Jesús Torrealba o cualquier otro de los muppets? La diferencia es que unos lo dicen en inglés y los otros lo repiten en castellano, pero es el mismo guion, pura ventriloquía, y como suele pasar en los shows gringos, abunda la rabia, el odio, la discriminación, la descalificación del otro, la burla y el bullying.

La gran apuesta de la MUD es que el 6D gane la rabia. ¡A ver! Su gran expectativa de triunfo está centrada en que después del bullying que le han aplicado los comerciantes e industriales al país, después del aplique inmisericorde con los bachaqueros y los ladrones que quieren pasar por comerciantes, las venezolanas y los venezolanos vayan y voten por sus candidatos.

No por un acto consciente, no porque crean en sus propuestas que en realidad brillan por su ausencia. No por ellos, sino por un acto de rabia y despecho. Son como esos tipos lambiscones que saben que la mujer está enamorada de otro, pero le meten cizaña, brollos, embustes, intrigas, ¡le ponen la cabeza así!, esperando que la mujer, en un acto de rabia y despecho, creyéndose engañada, traicionada, en un acto de debilidad, se los de a ellos.

Y es que esta mujer que es Venezuela nunca se enamoraría de un tipo como ese, ¡jamás! Ellos lo saben, por eso no aspiran como Hugo Chávez a estar en el corazón del pueblo, no intentan lo bello, no lo entregan todo por afecto, porque lo que realmente quieren es tu rabia, esa arrechera tuya que no te deja pensar, que te nubla la mirada, que te puede, incluso, hacer olvidar el amor que te enseñó lo hermosa que es la vida. Que te devolvió la capacidad para soñar y vivir lo soñado. Que se acordó de ti, que te dio su abrazo y se arriesgó por ti. El 6 de diciembre ¿qué podrá más, el amor o la rabia?

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