Cuando se analiza con detenimiento el panorama económico y financiero de Venezuela se hace angustiosa la noción de la gran parte de economía destructiva que hay en la producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni de reconstituir las cantidades existentes de materia, servicios y energía. En otras palabras, la economía ludópata es aquella que deja a la suerte, el empirismo y sacrifica el futuro al presente, la que llevando las cosas a los términos del fabulista se asemeja a la cigarra y no a la hormiga.
Ahora, el significado de la frase “Sembrar el petróleo” del artículo de Uslar Pietri, es una idea que plantea que dicho producto (petróleo) no es renovable, por eso el Estado tiene el deber de administrar correctamente las divisas que ingresan a través de este medio, pensando y desarrollando políticas racionales a futuro que mantengan o mejoren nuestras bases económicas.
Hoy, la economía venezolana depende como nunca antes de la suerte que corra el barril en el mercado internacional, financiamos nuestras políticas sociales, servicios públicos, infraestructura. ¡Todo!, con criterio ludópata… he aquí la importancia de ponderar en su justo valor lo realmente importante, dicho de otra manera, basar nuestra economía en la educación, la mística, la probidad y el trabajo… no en un “Dios proveerá”.
En el país flagelos como corrupción, demagogia, inseguridad, escasez, bachaqueo e inflación torturan a la población venezolana. Los ideólogos de esta Venezuela absurda descuidaron lo trascendental; “la economía productiva, el valor del trabajo”, pensaron que el dólar barril continuaría con su escalada de precios y bastaría para siempre y para todo.
