Opinión

Crónica de una muerte anunciada o la crisis de un país rico

Transcurría la segunda mitad del siglo XX, concretamente finales de los años 80. 1989, nos sorprendió enormemente, pues la bipolaridad del mundo se derrumbaba como un castillo de naipes. El sueño de una sociedad mejor, de la contra parte del capitalismo, del cielo por asalto llegaba a su final.

Se convirtió la historia en cadáver y las ciencias sociales en su patólogo. Desde allí, Fukuyama nos decía “el fin de la historia” es la muerte de las ideologías. Un reacomodo intelectual recorría todas las escuelas del pensamiento social, y la escuela de sociología de la Universidad Del Zulia no escapaba a tal resaca intelectual.

Qué hacemos con Marx? ¿Qué será de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar? ¿De sendero? ¿De los intelectuales de izquierda? Etc. Apenas unos años después, las respuestas que parecían evidentes se hacían evidentes. Latinoamérica se convertirá en la puerta de entrada del neoliberalismo cultural, sustentado en la globalización, y el económico sustentado, a su vez, en el mercado, es entonces el experimento ideal.

En Venezuela, ese pensamiento encuentra sus acólitos en los llamados “Chicago boys”, una especie de Yuppis que van ganando espacios importantes en el entorno del candidato presidencial favorito para ganar las elecciones de 1989, Carlos Andrés Pérez. Como presidente de la república, CAP, implementa un paquete económico basado en un plan de agenda llamado “el gran viraje”. Los Chicago boys” le acompañan, es Miguel Rodríguez la pieza clave para su aplicación.

El 27 de febrero de 1989, partirá la historia de Venezuela en dos, los acontecimientos sociales de ese momento incrementan el descontento en todos los sectores de la sociedad venezolana, pero mayormente en la Fuerzas Armadas Nacionales (FAN), desde donde aparecerá un movimiento insurreccional que intentara tomar el poder mediante un fallido golpe de Estado.

El 4 de febrero de 1992, sorprende a los venezolanos, el movimiento bolivariano 200 hace su aparición liderado por un grupo de tenientes coroneles, entre ellos Hugo Rafael Chávez Frías, cabeza del grupo.  Dicho movimiento, tratara de capitalizar el descontento popular que las medidas del gran viraje generaron en la población venezolana.

Las alarmas se encienden. No es para menos, Venezuela es el país cuna de democracia latinoamericana. El cono sur es atacado por las dictaduras de derecha; el neoliberalismo experimento fallido impone la violencia social en Venezuela.

La figura estelar de ese movimiento insurreccional, nacionalista en principio, Hugo Chávez, se muestra muy parco a primera instancia. No muestra mucho, más allá de asumir su responsabilidad y su liderazgo. En sus primeras apariciones, salido de la cárcel, se le nota algo torpe, erguido, con lenguaje poco fluido, quizás típico de un milico más.

El fuelle de la calle, el estudio sistemático, y el roce con algunos intelectuales que se agrupan en torno al incipiente movimiento harán que esas características del Chávez recién salido de la cárcel cambien radicalmente, hasta convertirse en un hombre elocuente, de grandes discursos, donde los elementos históricos son muy bien trabajados. Esté Chávez, logrará tender un puente entre él y el pueblo venezolano. Dicho puente simbólico, es, quizás, el más eficaz de la historia política venezolana.  

Llegado al poder, Chávez, se convierte en el político venezolano más influyente de Venezuela, su empatía con las clases desposeídas lo endiosan al punto de que cualquier elemento negativo de su gestión, aparece en el dicharachero popular transformada en una crítica positiva: “la culpa no es de Chávez, es de su entorno” se escucha alegremente en cualquier discusión de barrio. Esto será magnificado por él mismo, desde su programa dominical, “Alo presidente”, donde regaña a diestra y siniestra públicamente a cualquiera de su equipo de gobierno.

La influencia de Chávez, pronto abarcará Latinoamérica entera; su defensa de los derechos de los más necesitados y los relegados de la historia le merecerán un espacio en los corazones de sectores más vulnerables, esto generará que los movimientos de izquierda sean tocados por el mítico halo de Chávez y lleguen al poder.

De un político nacionalista, Chávez, asume la bandera del socialismo y la lucha antiimperialista. La caída del bloque socialista, la muerte de la bipolaridad del mundo y la unipolaridad incipiente, destruyen todo resquicio moderno. En ese contexto, Chávez enarbolará el discurso del socialismo, pero de un socialismo nuevo, el socialismo del siglo XXI. Comprado por muchos, entendido por pocos, hasta por él mismo, ese socialismo ecléctico, paralitico, bufo, comienza a orientar el país.

Sus detractores no tardan en aparecer, nos alertan del peligroso camino que seguro nos empujará al abismo y al colapso como sociedad. La alerta no encuentra eco sino en las capas medias del país; en las clases populares no hace mella, el Chávez endiosado es invulnerable, su popularidad crece y crece y en cada concentración donde él aparece, se pueden leer cosas inverosímiles: “con hambre y sin empleo con Chávez me resteo “, “Él también es chavista” se logra leer en la barriga de una mujer embarazada.

Aunado a esto, los precios del petróleo se disparan, Chávez parece tocado por los dioses del olimpo, popularidad creciente y petrodólares son los principales elementos de una ecuación que terminará por ser mortífera para Venezuela. 

En este marco de referencia, los errores son innumerables y gigantescos, el gobierno de Chávez es muy exitoso en lo político; pero en otros ámbitos es impreciso, ineficiente y hasta lapidario. Esos errores son, en principio, poco evidentes, sutiles e imperceptibles; pero a medida que el tiempo pasará se convertirán en el karma de una sociedad. 

El pensamiento militar de Chávez, estratégico por demás, comienza por delimitar espacios medulares a lo interno del país, para luego construir una geopolítica regional reeditando el discurso anti imperial. A lo interno, esos espacios medulares lo son el petróleo; es decir PDVSA, la agricultura y la educación universitaria. Para los dos primeros, generará mediante la ley habilitantes normativas legales muy interesantes en principio. El tercer ámbito, la educación, lo dejará en enfriar momentáneamente, dada la reacción de la sociedad civil ante la posibilidad de reformar la ley de universidades.

La vida atentará contra Chávez, en 2011, en un desgarrador anuncio en cadena nacional de radio y televisión el comandante afirma que se le ha detectado la aparición de nódulos cancerígenos y que entrará en otra lucha más, ahora en el terreno de la salud. La suerte, el halo magnificente o la conjugación sideral que parecían envolver al comandante parecen abandonarlo.

En 2013, la nefasta y triste noticia: Chávez muere producto de perder su lucha contra el cáncer. Una especia de nube gris se torna contra Venezuela al saberse la noticia, lagrimas caen de los rostros de los venezolanos humildes. No es para menos, el político que más le ha dado a las clases  bajas de Venezuela muere.

Antes de morir, Chávez,  previsor  para muchas cosas, entre ellas lo político, dicta su última y más  plena instrucción, elegir a Nicolás Maduro Moros como su sucesor en la conducción de la revolución. Esa instrucción clara y precisa se concretara y Nicolás Maduro toma las riendas de la revolución bolivariana.  

Nico, como se le quiere dar a conocer desde el aparato propagandístico del gobierno, ha sido el canciller de Chávez por síes años; lo que innegablemente le faculta para tomar el testigo y continuar la revolución triunfante.

 

La llegada de Nico, desata los demonios dentro y fuera del chavismo, dentro y fuera de las fronteras de Venezuela; la tesis de que la ahora, la huérfana revolución bolivariana  si caerá se extiende entre los detractores. La guerra económica que comienza tímidamente con Chávez, se acelera ante la llegada al poder del “vulnerable” sucesor.

Lo que ha enfrentado Nico es sin parangón en la historia política del país. Una guerra económica inclemente direccionada desde el norte con apoyo de factores naciones, es solo una variable más de una ecuación variada. Pero quizás lo más pernicioso, es la inclemente corrupción en las filas del gobierno, la ineficacia económica, la ineficiencia en la direccionalidad de las políticas públicas y la desprofesionalización en todos los ámbitos, que trae como consecuencia que todas las instituciones del Estado estén en el suelo.

Sufre el país más rico de Latinoamérica una profunda y variada crisis económica, son múltiples los problemas por lo transitamos los venezolanos de a pie, esos que parecemos condenados sin remedio a vivir en el medio de un gobierno corrupto, ineficaz, ineficiente e indolente y una oposición apátrida, vendida, genocida, corrupta e incapaz.

El panorama es gris para nosotros, no hay salario que aguante tal situación, pues no hay oficio ni profesión digna en un país rico asediado por el imperio, sí, pero dirigido además por la corrupción y los ineficaces e ineficientes que se tomaron la revolución, que ya andaba mal, para ellos terminar de acabarla.

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