Una amiga culta y generosa me ha prestado el libro de Clarissa Pinkola, denominado “Mujeres que corren con los lobos” que, nos ofrece la novedad de que la autora tuvo la idea de transformar a los personajes de los cuentos de hada en seres que podrían estar al lado nuestro. Se trata de renovar las fábulas infantiles susurradas o leídas porque son las historias que no fueron escritas.
Debo confesar que, por bien o por mal, en mis primeros años de vida estuve siempre cubierta por el apoyo de muchachas que venían del interior del país para ayudar en los trabajos domésticos. Esas muchachas fueron mis amigas verdaderas y propias. En efecto, ellas me enseñaron a “narrar” cuentos, llegando a suplir la falta de datos verídicos sobre el tema específico con un poco de imaginación. Fue así como permanentemente viví en un mundo fantástico, porque al lado de la realidad circundante, estaban las historias que ellas contaban, las verdaderas y auténticas historias de los duendes, de las hadas, de los gnomos.
En el libro al que he aludido nos encontramos con la representación constante del bien y del mal y, a medida que los personajes se hacen cada vez más humanos, no hay medio término: eres del grupo de los que necesitan protección; o eres del grupo de los que agreden. Debemos reconocer que hoy en día ha surgido una tendencia literaria (también cinematográfica) de traducir a un lenguaje actualizado los viejos cuentos infantiles.
Debo advertir que para mi gran extrañeza, el cuento infantil por excelencia es un cuento cruel y duro donde es posible que podamos salvarnos de un final caótico pero todo indica, apenas comienza la narración, que la misma va a versar sobre hechos tremendamente graves.Quizás esas muchachas que ayudaron tanto en mi formación y en el cultivo de la imaginación ya habían asumido un papel específico: se es bueno o se es malo y, hay muchos más ejemplos de bondad que de maldad. Es cierto que Walt Disney, en fecha reciente inició la versión de cuentos clásicos pero en un ámbito moderno donde justamente una de las “novedades” de la narración fílmica estriba en cambiar la personalidad de los protagonistas en otros con características antagónicas. Así: la bella, dulce y soñadora princesa, es representada como la perversa bruja con largos dientes amarillos y es que en realidad esa mitología infantil sigue estando presente.
