Ylich Carvajal Centeno / Periodista / [email protected]
La muerte y la política no tienen nada que ver. Antónimas por naturaleza, una se crea excluyendo a la otra. Cuando los seres humanos se convencieron de que la vida sólo es posible en la convivencia con el otro, a veces, a pesar del otro o la otra, inventó la política. Si a ver vamos, lo que nos hace humanos realmente no es la capacidad para pensar, hablar y comunicarnos, sino la decisión de usar esas capacidades para la convivencia, para la política. Cuando Henry Ramos Allup anuncia ante los medios de información que vendrán más víctimas como consecuencia de este nuevo arranque de violencia y arrechera de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) o cuando Henrique Capriles, María Machado o Lilian Tintori tuitean la muerte de un venezolano o una venezolana como un trofeo de guerra, como el anuncio de que están por alcanzar sus propósitos, cuando, incluso, aúpan marchas y animan a seguir en las calles en nombre de los caídos, lo que están diciendo es que el fin justifica los medios, que han renunciado a la política. Por si tenéis dudas, fijate que las muertes por las que dice marchar la MUD no ocurrieron realmente por la confrontación MUD versus Gobierno, sino como un coletazo de la intolerancia, la rabia, el odio irracional que la dirigencia de la oposición necesita desencadenar para alcanzar sus propósitos. Ninguna de las tres víctimas civiles (Jairo Ortiz, Paola Ramírez y Almelina Carrillo) estaba en marchas o en barricadas, sólo fueron alcanzados por esa violencia. El Guardia Nacional, sargento Niumar José Barrios, fue asesinado en el cumplimiento de su deber. ¿Qué tiene que ver la política con los robos colectivos y el vandalismo? ¿Podríamos afirmar que los vándalos que han robado abastos y panaderías son militantes activos de la MUD? La persona que lanzó desde un edificio una botella de agua congelada sobre la cabeza de Almelina Carrillo y la asesinó ¿en qué partido de la oposición milita? Aunque la evidencia la desmiente, María Machado ha negado que el hombre que las autoridades señalan como el asesino de Paola Ramírez es militante de su partido y amigo personal, pero ella y otros dirigentes han utilizado la muerte de esta venezolana para sus planes infames ¿no es eso un crimen por encargo, un sicariato sin destinatario preciso? Es la muerte por la muerte misma. Cuando Clausewitz dice que la guerra es la política por otros medios no hace sino seguir la maquiavélica idea de que el fin justifica los medios, que para alcanzar el poder se vale todo, incluso, matar, pero yerra absolutamente. En la política importan los medios tanto como el fin mismo, en todo caso, la política es el medio. Los políticos y las políticas no están para usar a los ciudadanos, menos sus cadáveres, sino para servirle al pueblo y eso vale en todos los ámbitos. La señora Eveling de Rosales tiene en la radio y la televisión una cuña publicitaria en la que cuenta que encontró a una anciana abuela enferma y descompensada, con un montón de nietos a los que no puede alimentar, pero al final no hace nada por ella, ni como alcaldesa ni como persona. Sólo usa la deplorable situación de esta pobre mujer para su personal confrontación con el presidente Nicolás Maduro. Resulta que los mercados populares, que de acuerdo con un reportaje publicado recientemente por Panorama son una completa tragedia y muladares urbanos, son competencia exclusiva de la señora alcaldesa, mucho podría hacer por ayudar a los maracaiberos en la difícil situación alimentaria que enfrentamos, pero solo usa la pobreza como la puesta en escena que necesita para su inútil diatriba con Maduro. Cuando la vocación de servicio, el interés por el otro, la solidaridad y el afecto franco desplacen de la cabeza de los políticos y las políticas esa idea de que la política es la lucha por el poder sin importar los medios, cuando el afán por la convivencia pacífica sustituya a la exclusión y la negación, estaremos en el camino correcto para lograr los más sentidos sueños de un país, de una ciudad, de todos.