Discutir sobre cómo nos relacionamos con el otro y con los seres que coexistimos, es siempre  importante. La crisis ambiental es un problema esencialmente moral, de allí, la crítica a la reflexión ética antropocentrista y la necesidad de reconstruir los presupuestos ético-morales tradicionales. Por eso, la necesidad de una ética ecológica. Con razón lo declaró el papa Pablo IV: “Los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre”. 

 El problema ambiental dejó de ser, desde hace mucho tiempo, un problema local y se ha convertido en un asunto de interés global. Si se quiere tener éxito frente a la crisis climática, se deberán desarrollar políticas globalizadoras las políticas aisladas, tendrán un impacto débil y poco efectivo sobre todo aquello que hagamos para mejorar las terribles condiciones a que hemos llevado al ambiente.  Este año, el papa Francisco publicó una nueva encíclica que titula Laudato Si’, en la que manifiesta la gran preocupación por el problema ecológico y advierte que “el desafío urgente de proteger nuestra casa común, incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” n.13. La tierra es una “casa común” y la problemática ambiental la resolveremos en la medida que el carácter asociativo de la humanidad sea  entendido como la única vía para solucionarlo. 

    Otra clave será, educar y moldear hábitos favorables a lo sostenible, sustituir el relativismo práctico, la cultura del desecho, del descarte, por la consciencia del reciclaje. La tecnología, la creatividad, tienen como meta, a partir de la investigación científica y responsable, el buscar las vías necesarias con el objetivo de apaciguar el cambio climático y caos ecológico. Cuando sucumbe el medio donde habitamos, o la casa común —como lo llama el papa Francisco—, entonces está sucumbiendo la raza humana.   En la medida en que moderamos y educandos la conciencia ambiental, estamos contribuyendo a mejorar el ambiente donde existimos y coexistimos. No limitarse al discurso ambientalista sin acciones concretas y descubrir el verdadero sentido de la vida será el mayor de los retos para poder enfrentar el tema ecológico. El sentido del bien común es clave.