Claves
- —Luis Oliveros considera indispensable un censo único, temprano y auditable de damnificados.
- —La cifra oficial es de casi 16.000, pero el economista habla de posibles 200.000 damnificados al final del proceso.
- —Propone un vehículo jurídico-financiero por condominio para los edificios multifamiliares colapsados o inhabitables.
El economista y decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Metropolitana, Luis Oliveros, pidió ordenar con urgencia la atención a los afectados por el doblete sísmico del 24 de junio con un censo único, temprano y auditable de damnificados.
La brecha entre la cifra oficial y los desplazados invisibles
Oliveros sostiene que el punto de partida debe ser precisar cuántas personas resultaron realmente afectadas. Según expuso en su cuenta en X, la cifra oficial es de casi 16.000, pero en este tipo de eventos suele haber un número mucho mayor de “desplazados invisibles”, personas que no han podido registrarse, que están con familiares o que resolvieron por sus propios medios.
El economista recuerda además que existen estimaciones privadas que ubican en 200.000 el número de damnificados al cierre del proceso de gestión de la catástrofe.
En su análisis, también repasó experiencias de otros países afectados por desastres similares, con respuestas que combinaron viviendas temporales, subsidios, alquiler de inmuebles privados y reconstrucción asistida.
La atención a edificios y familias exige un esquema propio

Para Oliveros, la prioridad operativa debe ser un registro temprano, con mecanismos biométricos o al menos verificables, y una fecha de cierre para lo temporal desde el inicio.
Además, planteó que los edificios multifamiliares colapsados o inhabitables de La Guaira y Caracas no pueden resolverse con subsidios individuales, sino con un vehículo jurídico-financiero por condominio.
El economista añadió que también debe medirse el desplazamiento, y no solo contarlo, mediante encuestas panel a las familias desde el primer mes para seguir empleo, ingreso, escolaridad de los niños, salud mental e intención de retorno o migración.
Oliveros cerró su análisis con una advertencia sobre la magnitud del reto: la tarea que viene requiere una estrategia robusta y personal competente.
Lo que dejaron Turquía, Japón, Chile y México
En Turquía, tras el sismo de 2023, unas 3 millones de personas fueron desplazadas. La respuesta incluyó ciudades contenedor de unos 21 metros cuadrados, con agua corriente, ducha y baño pequeño. Dos años después, casi 650.000 personas seguían viviendo allí.
En Japón, luego del terremoto de 2011, unas 470.000 personas fueron evacuadas. El país usó viviendas prefabricadas temporales, unas 53.000 unidades, y también alquiló viviendas vacantes del mercado privado como vivienda temporal.
En Chile, el terremoto de 2010 dejó unas 220.000 viviendas destruidas o con daño mayor y cerca de 800.000 damnificados. La emergencia se atendió con mediaguas, organizadas en aldeas de emergencia, y con un programa masivo de subsidios habitacionales.
En México, el sismo de 2017 dejó unos 250.000 damnificados directos y cerca de 180.000 viviendas dañadas entre CDMX, Morelos, Puebla y Oaxaca-Chiapas. La respuesta fue monetaria y de autoconstrucción asistida, con censo de daños y tarjetas con recursos diferenciadas por daño parcial o total.
