Los recurrentes cortes eléctricos que azotan al país, los cuales superan en muchas ocasiones las siete horas continuas, han colocado al límite la salud física y emocional de miles de familias. La crisis de los servicios públicos golpea con especial crudeza a hogares con dependientes vulnerables, tal como lo denunció recientemente la educadora Maykharen Meza desde el estado Aragua.
El impacto de los apagones en el autismo severo
Residentes de la localidad de Turmero, en el estado Aragua, enfrentan una rutina diaria marcada por la inestabilidad del servicio eléctrico. Según relató Meza, en una misma jornada el suministro puede interrumpirse hasta en tres oportunidades, con lapsos prolongados que colapsan la dinámica doméstica.
La situación adquiere una dimensión crítica debido al diagnóstico de su hijo, quien presenta autismo nivel tres y padece un trastorno postraumático originado por un sismo previo. La oscuridad y la alteración ambiental provocadas por la falta de luz desatan crisis severas en el joven, sobrepasando la capacidad de contención de su madre.
Temor a represalias y presión laboral
Además de la angustia por el cuidado de su hijo y la afectación en su salud mental —con episodios de pánico y sensación de asfixia—, la docente advirtió sobre las amenazas en su centro de trabajo. De acuerdo con su testimonio difundido en un video compartido en redes sociales, existe el riesgo constante de sufrir suspensiones de sueldo o despido por visibilizar las precarias condiciones de vida del gremio docente y de los ciudadanos.

