Judíos, musulmanes y cristianos pasan diariamente por las puertas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, de camino hacia las oraciones o simplemente para ocuparse de sus asuntos cotidianos en uno de los lugares políticamente más sensibles de la Tierra.
Hay ocho puertas, siete abiertas y una sellada, a lo largo de las murallas de la Ciudad Vieja, que fueron construidas en el siglo XVI por el sultán turco Solimán el Magnífico.
Siempre es muy concurridas la Puerta de Damasco, la principal entrada al barrio musulmán, y la Puerta de Jaffa, que mira al oeste hacia el Mediterráneo, donde los residentes locales y los turistas se mezclan en los mercados que bordean los callejones de piedra.
La Puerta del León, que tiene dos pares de leones heráldicos tallados en el arco, es también conocida como la Puerta de San Esteban. Mira al este, hacia la antigua Jericó, y suele estar repleta de fieles musulmanes en la mezquita al-Aqsa, el tercer santuario más sagrado del Islam.
