En las afueras de Los Silos, en La Guaira, decenas de familias esperan para confirmar la muerte de sus seres queridos después del doble terremoto del 24 de junio. La estructura de concreto, antes usada como instalación portuaria de almacenamiento, funciona ahora como una morgue improvisada.
La espera de los familiares en La Guaira
Bajo un sol intenso, la escena se repite una y otra vez. Las autoridades dispusieron sillas dentro y fuera de las instalaciones, donde también hay varias carpas, mientras la fila avanza con lentitud para quienes llevan días entre hospitales, refugios y ruinas.
En el lugar, el silencio pesa. Nadie habla, algunos miran al vacío y otros revisan sus teléfonos para leer noticias o responder mensajes. A pocos metros, personal de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, con fusiles largos, controla el acceso.
“Me da miedo lo que voy a ver allá adentro, pero es la única manera de terminar con esta agonía”, dice una mujer antes de cruzar la puerta. Lleva casi una semana buscando a su sobrino y asegura que lo ha buscado en el edificio, en hospitales y hablando con todo el mundo sin obtener respuesta.
