El acercamiento de España a China ha elevado la fricción con varios socios de la Unión Europea, que ven a Pekín como un rival estratégico y una amenaza geopolítica para el bloque.
Más inversión y más desacuerdos
Pedro Sánchez ha visitado a Xi Jinping cuatro veces en pocos años y, desde la reelección de Donald Trump, ha pedido a la UE mejorar sus relaciones con China. En Bruselas, sin embargo, crece el malestar por la postura de Madrid.

Alemania y Francia impulsan una línea más dura contra China y buscan dar a Bruselas poder para excluir del mercado europeo a competidores chinos subvencionados. La Comisión Europea calcula que los desequilibrios comerciales con Pekín alcanzan los 1.000 millones de euros diarios, unos US$1.125 millones.
Otros gobiernos europeos también observan con recelo la cercanía entre China y Rusia. Pekín niega haber ayudado a Moscú en la guerra en Ucrania, pero expertos en defensa sostienen que le ha brindado apoyo tecnológico y económico.
España mira a China
Víctor Cortizo, abogado y académico especializado en relaciones sino-españolas, dijo que el gobierno español ha antepuesto el beneficio nacional a las relaciones con la UE. Añadió que la inversión china en España se ha duplicado en el último año.

Según el ICEX, el instituto de comercio exterior del gobierno español, la inversión china crece sobre todo por proyectos en gigafábricas de baterías y plantas automovilísticas. Estados Unidos sigue siendo el mayor inversor extranjero en España, aunque su inversión neta se redujo en torno a 1.000 millones de euros, según el Ministerio de Economía español.
Una encuesta del Pew Research Center publicada este verano indicó que el 54% de los españoles tiene una opinión favorable de China, frente al 30% que expresa una visión favorable de Estados Unidos.
La línea ferroviaria de mercancías entre Yiwu, en el este de China, y Madrid, con más de 13.000 kilómetros, transporta piezas de automóviles y artículos eléctricos hacia España, mientras devuelve jamón serrano y vino tinto a China.
Chery Automobile eligió España para su primer centro europeo de fabricación y operaciones hace dos años, lo que dio nueva vida a la marca Ebro. Además, Hithium planea invertir en Navarra y CATL participa en una gigafábrica de baterías de fosfato de hierro y litio en Zaragoza.


